Evanya empujó la puerta con el hombro, la bolsa de medicamentos balanceándose en su mano. Lo primero que vio fue la silueta alta de Azran, recortada contra el ventanal. La luna derramaba una luz pálida sobre él, acentuando las líneas de sus hombros y la caída relajada de su postura. —Tienes una hermosa vista —murmuró, sin girarse del todo, como si hablara para sí mismo. Aunque en realidad no se refería a la vista al exterior de su apartamento, sino a la vista del espejo frente a su cama. Si el aparto tuviese vida, la imagen de Evanya al dormir y al despertar sería una puta visión gloriosa. Ella frunció el ceño. —No debió levantarse —su voz llevaba una preocupación genuina que lo atravesó con un placer oscuro, ver su entrecejo arrugarse al mirarlo como una novia preocupada era algo excit

