Cuando llegaron a su apartamento, él frenó frente a la entrada del edificio. —Descansa —dijo, con ese tono serio e inalterable que usaba incluso para las órdenes más simples. Ella asintió y bajó del auto, sujetando su bolso y corriendo bajo la lluvia hasta la puerta. Azran la siguió con la mirada hasta que desapareció dentro del edificio. Solo entonces dejó que sus pensamientos la envolvieran del todo. La imagen de esa piel, de la curva suave bajo la falda, del encaje oscuro contra su muslo… se repetía como un eco imposible de silenciar. No sonrió, no suspiró. No era un hombre que mostrara lo que sentía. Pero dentro de su cabeza, ya estaba pensando en la próxima vez que esa falda —o cualquier otra— le permitiera volver a verla así. Arrancó el motor y se perdió en la lluvia, con esa ima

