Sin apartarse de ella ni un instante, Pantera la sostuvo firme, dejando que su cuerpo aún estremecido se adaptara a cada movimiento. Con fuerza contenida y decidida, la alzó con un cuidado que contrastaba con la voracidad de sus embestidas, y la llevó a la habitación lateral, la puerta se cerró de una forma silenciosa que pareció marcar un pacto secreto. Evanya apenas podía respirar, su pecho subía y bajaba con dificultad, inundado por la mezcla de agotamiento y deseo. Pantera la depositó sobre la cama, dejando que la superficie fría contrastara con la calidez que aún latía en su piel. Por un momento, él se apartó, mientras sus ojos oscuros se quedaron fijos en ella con una intensidad que la hizo temblar. Se acercó a sus piernas y, sin prisa pero sin vacilar, deslizó sus manos bajo la fi

