Se acercó con pasos seguros, pero dentro de sí sentía una vibración sutil, un presentimiento. —¿Tú eres Lucy? —preguntó al llegar a su mesa. La mujer levantó la vista, y en cuanto la vio, se puso de pie. Sus ojos claros recorrieron cada rasgo de Evanya como si quisiera memorizarla. Había desconcierto en su expresión, pero también… algo más. Algo contenido. Evanya se quedó quieta, midiendo esa reacción, sintiendo un ligero nudo en el estómago. Lucy no dijo nada al principio, solo la observó, como si estuviera confirmando algo imposible. La tensión entre ambas era espesa, como si el aire del café se hubiera vuelto más denso. Afuera, la vida seguía; adentro, el silencio se llenaba. —Por favor… siéntate —pidió, su voz ligeramente temblorosa. Evanya no dudó; se sentó frente a ella, cruzan

