Creyó que ya no podía decepcionarse más de Justin. Se había dicho tantas veces que ahora lo conocía, que lo había visto en su peor versión, que ya no había margen para que la herida se abriera más. Pero se equivocaba. Ahora, el dolor se extendía como un veneno lento, quemando desde el pecho hasta las manos que le temblaban apenas. Porque no era solo la imagen de Lucy diciendo que lo amaba o que había estado con él. Con ese maldito bastardo que tanto daño le había hecho. No. Era el peso de saber que mientras ella se rompía la espalda, que mientras dejaba de dormir para conseguir un segundo empleo y poder saldar esas malditas deudas que él mismo había provocado, Justin estaba… cogiéndose a otra, hablándole de ella como si tuviera e derecho de exponerla ante otra mujer. Lo que Evanya sentía

