—Sabes que no siempre estoy aquí. Así que llámame siempre que tengas ganas de verme. Evanya mordió el interior de su labio inferior, un gesto automático que él captó de inmediato, y asintió en silencio. Porque no solo no e había molestado que llegara sin aviso, la había cogido como nunca y además le estaba dando su número, lo que quería decir que Caelan no sería más su intermediario. Evanya sonrió para sus adentros, se sentía más viva. Y de alguna forma, poderosa. —Pediré que te lleven, cielo —añadió con una calma peligrosa, como si estuviera hablando de algo tan simple como abrir una puerta. Se colocó la chaqueta, ajustándola con un movimiento preciso, y caminó hacia la salida. La luz tenue dibujó su silueta imponente hasta que desapareció por el pasillo. Evanya se quedó sola, envuelt

