-¿Quieres?-preguntó Aiden a sus espaldas, interrumpiendo los pensamientos que atormentaban a Luca.
Con la mirada tormentosa perdida, el exagente observó al ladrón y negó con la cabeza ante su brazo extendido, con el cual sujetaba una bolsa de papas. Volviendo su vista al frente, el hombre de ojos tormentosos admiro la brillante ciudad bajo sus pies, desde el lustroso balcón que parecía no utilizarse desde hacía mucho.
-¿Crees que le moleste a Dorian?-volvió a hablar el chico cuyo cabello teñido era semejante a la nieve.
Buscaba algo de qué hablar. Al parecer, era igual que Camilla, ambos odiaban los silencios incómodos.
[No, Aiden no se parece en absoluto a Camilla… ella se fue para siempre, aceptalo de una maldita vez]
-Lo dudo, tiene cosas más importantes por las que preocuparse en estos momentos-contestó Luca llevando la colilla de su cigarrillo a sus labios e inhalando una larga bocanada.
El ladrón no dijo nada, se limitó a asentir en silencio, sin embargo no se marchó, tal como lo había imaginado Luca, Aiden camino sin emitir sonido hasta quedar a escasos de él y apoyando sus brazos sobre la barandilla de metal, reclinó su cuerpo relajado sobre estos, admirando la vista ante ellos.
-También estás preocupado por ella, no finjas lo contrario-susurro Aiden con la mirada oceánica clavada en el frente.
Luca entorno su rostro hacia él y lo observó durante unos segundos, antes de regalarle una pequeña sonrisa torcida la cual rebosaba de tristeza.
-Es verdad, pero no me preocupo como lo hace Dorian. Se que puede cuidarse, la he visto enfrentarse a monstruos atroces, ella no se doblega tan fácil-respondió Luca llevando nuevamente la colilla a sus labios para darle muerte al cigarrillo.
-Aun así, te preocupas y la echas de menos-agregó Aiden con una sonrisa bailando en sus labios.
-¿A qué quieres llegar?-contestó tajante Luca, dedicándo una mirada escéptica al ladrón.
El hombre de ojos oceánicos lo observó y no logró contener una risa profunda de medianoche, surgida desde el centro de su pecho.
-A nada, es solo que intento conocerte mejor-explicó el ladrón con una sonrisa risueña presente en sus labios.
-No hay nada que conocer-escupió con brusquedad Luca, intentando arrancar la hermosa sonrisa que bailaba en los labios del hombre frente a él.
Pero no lo consiguió, por el contrario, solo logró que Aidan girara su rostro y depositara su profunda mirada azul oceánica en él, dejándolo paralizando y cortando su respiración, como si de repente hubiera olvidado cómo pensar, hablar o incluso respirar.
-No lo creo, puedes mentirles a los demás, pero yo sé lo que esconden tus ojos-respondió Aiden con una sonrisa sensual bailando en sus labios.
Con la mirada gris tormenta clavada como puñales en el ladrón, Luca se aproximó medio paso e inclinó su rostro hacia adelante, dejando su nariz respingada a escasos centímetros del rostro de Aiden.
Estaban tan cerca que el exagente podía sentir su aroma a tabaco se mezclaba con el aliento a menta del hombre frente a él.
-Entonces dime ¿Cual es mi secreto?-ronroneo el hombre de los piercings, en un nuevo intento por intimidar al ladrón.
Pero Aiden no era alguien fácil de asustar, sabía cómo lidiar con el peligro y los problemas reales. Por eso, al oír las palabras de Luca, él no se echó hacia atrás, o desvió su mirada oceánica de la tormenta que rugía en los ojos del hombre frente a él; no, él se aproximó aún más, dejando la distancia de un pulgar entre ellos.
-Dolor, culpa y miedo… tu finges no sentir amor, pero en realidad lo sientes, y eso te aterra-respondió Aiden con simpleza, dejando a un lado su rostro risueño.
-Tu no sabes nada-escupió con ira el exagente.
-¿No? Entonces pruébalo desafío el ladrón con una risa lupina aflorando en su rostro.
Luca apretó sus dientes con fuerza y se preparó para responder…¿Quien se creía que era aquel bastardo ladrón de poca monta? El no le debía explicaciones ni a él ni a nadie, solo a sí mismo… y quizás también a Daphne.
Sin embargo ahí estaba, abriendo la boca y preparándose para dar una respuesta.
Y lo habría hecho, de no ser por el sonido de la puerta principal abriéndose, una clara señal de que Dorian acababa de regresar, quizás con algo de suerte, el investigador que pensaba contratar le habría dado una pista del paradero de la hermosa mujer de cabello color noche.
Sin mediar más palabras, Luca se echó hacia atrás y comenzó a caminar rumbo al living, unos pasos comenzaron a sonar a sus espaldas, aquella fue toda la confirmación que necesito para saber que Aidan lo seguía muy de cerca.
Cuando ambos atravesaron la enorme ventana balcon que comunica el balcón con el despacho del millonario, se encontraron con Dorian atravesando la puerta, llevando consigo una maleta repleta de papeles.
-Oh aquí están-dijo el sin emoción alguna.
Aquello fue todo lo que Luca necesitaba para confirmar que algo no había ido bien.
-Lo lamento, queríamos un poco de aire y salimos al balcón-explicó Aiden, temeroso de que aquella actitud extraña de Dorian se debiera a su presencia en aquel lugar.
Sin embargo, la mirada color océano del millonario, siguió su camino invisible por donde ingresaron, percatandose de que habían estado en el balcón. Volviendo a depositar su mirada en él, extendió sus ojos, como si también acabara de notar que ahora su hermano tenía el cabello blanco como la nieve.
-No hay problema, solo asegúrense de cerrar bien luego, no quiero que se me vuele ningún papel… Por cierto, te queda bien ese color-respondió Dorian sin emoción alguna, mientras dejaba las cosas sobre el enorme escritorio de madera y comenzaba a caminar de regreso al living.
Tanto Luca como Aiden intercambiaron una mirada preocupada antes de lanzarse tras él, notando su caminar cansado y sus hombros decaídos, como si acabara de perder toda esperanza.
Cuando finalmente llegó al mullido sillón de cuero blanco, se dejó caer en él, como si no lograra soportar ni un segundo más el peso que cargaba en su alma.
-¿Qué ocurre?-preguntó Luca, leyendo ya la posible respuesta de Dorian en sus ojos abatidos colmados de tristeza.
-No hay ningún rastro de ella, el investigador no tomará el caso… ninguno lo hará-susurro en respuesta con su voz pendiendo de un hilo.
Aquellas palabras fueron todo lo que el exagente necesitó oír para que su frágil corazón se terminara de romper.
Sintiendo como su respiración se volvía irregular y cada vez más pesada, perdió el equilibrio, cayendo de rodillas apoyando ambas palmas en el suelo. Fue entonces cuando se permitió llorar, sin embargo ninguna lágrima apareció.
Debió aguantarse las ganas de deshacerse del nudo que ataba su garganta y estrujaba su corazón, porque no habría ningún llanto que llegara a acudir para así poder limpiar su presencia sofocante.
-Tranquilícense y no perdamos la cabeza, podemos acudir a la policía… Dorian podrías utilizar tu influencia para que la encuentren-sugirió Aiden intentando mantener el ánimo arriba de los dos hombres frente a él.
El ladrón sabía muy bien que si perdían la esperanza, ya no habría forma de recuperar a Daphne.
Pero fue entonces que los ojos azules hielo, carentes de brillo y luz, de Dorian, se posaron en su hermano. Las palabras fueron innecesarias, después de todo, Aiden podía distinguir con facilidad la mirada de un hombre roto, alguien sin esperanzas.
-Ya fui hace unos momentos atrás...No hay nada que hacer, solo esperar y tener suerte, pero esta no está de nuestra parte-respondió Dorian con la mirada cansada mientras liberaba un profundo suspiro atado al medio de su corazón.
No tenía palabras, ninguna le parecía correcta o medianamente posible. La mirada de hielo de su hermano seguía clavada en él, en el preciso instante que el sonido del timbre retumbó en el departamento.
Aquello fue tomado como una excusa perfecta por parte del ladrón para evadir la mirada del millonario.
-Yo abro-se apresuro a decir él, mientras comenzaba a caminar con velocidad hacia la puerta.
Cruzo los dedos porque la persona que estuviera fuera trajera buenas noticias, después de todo, las necesitaban con desesperación.
Al abrir la puerta, una hermosa mujer de cabello color oro, ojos como esmeraldas y facciones de ángel lo saludo con un gesto coqueto.
-Hola soy Elena, ¿Está Dorian?-pregunto en un endulzado tono armónico.
Al instante, el ladrón perdió el efecto que la mujer tenía sobre él, como si toda magia o hechizo se hubiera roto. Aiden pudo observar a la hermosa mujer como la persona que realmente era.
-Si ¿Que se te ofrece?-preguntó con frialdad el.
Elena expuso unos hermosos caninos blancos en una sonrisa lupina, mientras caminaba hacia adelante dejando su rostro a escasos centímetros del suyo.
-Tengo noticias muy importantes-ronroneo ella, al tiempo que elevaba una mano de uñas afiladas para acariciar la mejilla bronceada del ladrón.
-El no quiere oirlas-escupio con un siseo Aiden, apartando su rostro del tacto.
La sonrisa no desapareció del rostro de ella, mientras enfilaba sus ojos hacia él con arrogancia.
-Ya veremos-susurró ella en su oído.
Un segundo después, haciendo uso de su delgada y pequeña contextura física, Elena se deslizó entre Aiden y el marco de la puerta, con una agilidad impresionante, de forma tan veloz que el ladrón no pudo detenerla hasta que estuvo dentro del lugar, caminando con pasos firmes y decididos hacia Dorian.
El rostro del millonario se frunció en un gesto de desentendimiento, mientras que Lucas, al notarla, palideció por completo, adoptando sus facciones aires de enfermo.
Una sonrisa maliciosa apareció en el rostro de ella al notar la reacción del ex agente.
-Tranquilizate, no estoy aquí por ti-ronroneo ella observando al hombre de ojos tormentosos, ser devorado por el pánico.
Dorian miró entre ellos, sin embargo, no estaba de ánimos ni humor para comenzar a hacer preguntas que de seguro dolería demasiado. Por lo que se limitó a decir.
-¿Que te trae por aquí?-preguntó sin rodeos Dorian, sin un ápice de emoción presente.
Elena se aproximó unos pasos más, Aiden siguiéndola de cerca, atento a cada gesto o movimiento de ella, incapaz de confiar plenamente.
-Se donde está Daphne Moon-respondió, paralizando el corazón de todos los presentes-La pregunta es ¿Cuanto estas dispuesto a pagar por la información?.
Los ojos de Dorian se iluminaron, mientras se enderezaba en su asiento e inclinaba levemente hacia adelante; en ese momento Elena Lorchas tuvo toda la respuesta que necesitaba.
Todo, Dorian Fleyman daría todo por Daphne.
Durante unos segundos ella sintió envidia por la mujer de ojos color noche; había conseguido el corazón de Dorian. Pero aquella estupida sensacion paso rapido, pronto ella tendria algo mas valioso que el tonto corazon de un hombre.
Ella sería la reina de todo, tal como siempre lo había soñado.