Pov Paula. El frío del clima glacial se filtra por la puerta del balcón y me erizan los pequeños pezones. Abro los ojos buscando al hombre con el que me casé hace unos meses atrás y no lo encuentro. El lado izquierdo de la cama está vacío, pero puedo sentir el olor de su shampoo y de su perfume impregnado en las sábanas. Tomo la almohada y la llevo a mi nariz para olerla; su olor es tan fuerte, es tan posesivo, es tan exquisito que me eriza el cuerpo. Dejo la almohada dónde estaba para sentarme en la cama y meter los pies en mi pantuflas. Cierro la puerta del balcón y me dirijo al baño. No tengo dolor de cabeza a pesar de que bebí la noche anterior, pero si tengo un carraspeo en la garganta como de tomar algo frío. Me miro en el espejo mientras me aseo y no puedo evitar detallar el collar

