Terzo. Sigo a Gabriella quien se ve bastante diferente con la ropa que lleva puesta; un vestido súper pegado con escote en la espalda y unos tacones altos. Su cabello está suelto y tiene un leve maquillaje que la hace verse más adulta de lo que es. No voy a mentir, me agrada verla así y más porque los últimos días había estado encerrada en su habitación gracias a su maldita depresión, cosa que la ha acompañado desde que murieron sus padres. Gabriella fue la que más sufrió la ausencia de ellos, era la más pequeña y la que menos recuerdos tenía. —¿Van a salir señor? —pregunta uno de los guardias de seguridad. —Sí, pero es mejor que ustedes no vayan —interviene Gabriella con una sonrisa. No refuto a su orden porque odio tener a tantas personas cerca, y como he dicho antes yo soy mi propio

