Saliendo de la ducha, Casper tomó una toalla y comenzó a secar su cuerpo suavemente para luego rodear su cintura con ella. Observando su reflejo en el espejo, el joven omega parpadeó un par de veces con sorpresa al encontrar aquella figura en el espejo. En ella, ya no se encontraba el joven sucio, desaliñado, con sus mejillas hundidas y sus huesos marcándose, no. En él, había un chico limpio y con su cuerpo rellenito en todos los lugares correctos, sin colores dolorosos decorando su cremosa piel pecosa. Pero lo que más le gustaba observar a Casper en ese momento, no era su cuello sin la marca de Julian en ella, tampoco el hermoso brillo lleno de vida que ahora estaba en sus ojos celeste hielo, sino que se trataba de esa dulce protuberancia en su vientre que había crecido considerablemen

