Capítulo 7.

1077 Words
POV. EMILIA.  Intenté correr tras Alex y explicarle todo, pero las palabras del oráculo me detuvieron. —Déjalo estar, necesita tiempo y espacio para asimilar lo que acaba de descubrir —me miró con decepción, pero me importaba poco lo que pensara de mí porque la única persona que me importaba en ese momento me miraba con disgusto y odio. —¿Por qué no le contaste todo? —le grité—. Sabías todo, entonces ¿por qué no le dijiste que la decisión no dependía de mí? —Le reclamé. Quería desahogar mi ira con alguien. —Sin importar quién o qué te llevó a tomar esa decisión, de todos modos la aceptaste y se lo ocultaste a tu pareja —dijo calmadamente. Sabía que tenía razón, pero mi estado mental actual se negaba a entenderlo. Salté cuando la puerta se abrió, pero para mi decepción, no era Alex sino Liam, y se veía preocupado. —¿Estás bien? —me preguntó mientras me protegía y le permití reconfortarme. El dolor en mi corazón era asfixiante, pero antes de poder responderle, un Alex aterrador abrió bruscamente la puerta. Empujó a Liam y me agarró del brazo con fuerza una vez más. —¡Alfa, por favor! —Liam le rogó que nos siguiera mientras Alex me arrastraba a sabe Dios dónde, pero me quedé callada aunque me doliera porque su dolor era justificado. Caí al suelo y golpeé mi cabeza contra una superficie y abracé el dolor a pesar de lo palpitante que era. —Alex —escuché a Beth decir. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que estábamos en el ala Alfa de la Casa de la manada. —Mira a tu hermana a los ojos y dile que tú eres la razón por la que ella está enferma —Alex dijo levantando mi mentón. —¡Alex, por favor! —le supliqué su comprensión y perdón. Solo le suplicaba por todo y nada en particular. —¿De qué estás hablando? —Beth preguntó sorprendida, pero no le debía ninguna explicación. —Mi mate, conoce a mi pareja destinada —Alex dijo sarcásticamente, y Liam jadeó de sorpresa. —Pero ¿cómo? —murmuró sin dirigirse a nadie en particular. —Porque tu hermana ha estado ocultando su aroma durante años, tu hermana ha estado mintiendo y engañándonos durante años —podía escuchar el dolor en su voz. Alex estaba acostumbrado a tener el control y el hecho de que estuviera atrapado en una situación donde no tenía control probablemente fue un golpe para él. Lo peor de todo es que sé que él estaba emocionado por tener a su pareja destinada. Visitó casi todas las Manadas buscando a su pareja y cada vez que volvía, perdía la esperanza. —¿Qué has hecho, Emilia? ¿Cómo pudiste? —Beth me miró como si estuviera horrorizada por mis acciones, pero mis nervios estaban agotados con ella. Puede que no fuera su culpa, pero ella era la razón por la que estaba pasando por esto. —¡No tienes derecho a decirme eso! —Le dije mirándola. Siempre fue mi culpa. A los ojos de todos, yo siempre era la manzana podrida. Aquella que nunca llegaría a nada en la vida, y estaba cansada de eso. Alex y Joy eran los únicos que me consideraban algo más que la sombra de Beth, pero ahora he arruinado mi relación con Alex más allá de reparación. —¿Por qué? —preguntó, acercándose a mí y agachándose a mi nivel. Escuché la bofetada que me dio antes de sentirla. Físicamente, la bofetada no dolió, pero emocionalmente fue como un cuchillo directo a mi corazón y alma. Había hecho todo esto sin querer por ella y su felicidad, pero ella no dudó ni me preguntó antes de abofetearme. Ella es la única persona en el mundo que se supone que me conoce más que yo misma, pero desafortunadamente para ella, siempre fui desechable. —¡Te odio! —le dije. El odio que sentía por mi hermana no era debido a que se había llevado a mi pareja destinada, sino que había ido creciendo a lo largo de los años. Su indiferencia ante la forma en que nuestros padres me trataban fue el factor principal que nos llevó a este punto, pero aún así esperaba que algún día ella intentara entenderme o que al menos me defendiera, pero supongo que eso era mucho pedir de mi parte. —¿Me odias? ¿Por qué? Tú fuiste quien ocultó tu aroma, tú fuiste quien abandonó a tu pareja, y tú fuiste quien eligió dejar la manada, ¡no fui yo quien te obligó! ¡Tú causaste todo esto! —Beth exclamó, su rostro volviéndose más pálido mientras su cuerpo intentaba apoyarse en los brazos de Alex. Alex la sostuvo, pero la forma en que me miraba cada vez estaba más enojado y decepcionado. Mi corazón se rompió. Quería hacerle saber todos los hechos, pero ¿seguiría queriendo creerme? Aunque me costara creer que Alex alguna vez me elegiría por encima de Beth. Antes, sabía sin ninguna duda que me habría elegido, pero ahora era la mujer que lo había traicionado. La demagogia de Beth tuvo efecto y logró volver a Alex en mi contra, lo cual fue un golpe despreciable. —No sabes todo, ¿en serio? Pero tampoco nunca me preguntaste por qué me fui —me reí burlonamente, pero me sorprendió ver a Beth mover sus ojos incómodamente. Tenía miedo de mirarme, y eso me hizo dudar. —Tú acaparabas la atención y el amor de todos, mientras yo no era más que un gusano viviendo a tu sombra. No debería haber vuelto por preocupación ante tu salud, ¡no mereces todo lo que tengo para dar! ¡No lo mereces! —No pude evitar escupirle y Beth me dio otra bofetada. Lo gracioso fue que nadie la detuvo. Todos la observaron intimidarme y lastimarme. —Beth, ¡detente! Escuché la voz de mi madre venir de algún lugar de la habitación, pero los ruidos de fondo se desvanecían y mi cabeza me palpitaba. Me sentía enferma del estómago. Puse mi mano temblorosa en mi pecho porque mi corazón me dolía y latía rápidamente al punto en que sentía que la habitación se movía. Traté de abrir mi boca y llamar a alguien, pero antes de que pudiera hacerlo, todo se volvió n***o.
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