Capítulo doce: me casé con un hombre imposible. Ellen Mickalson. 26 de agosto. Caleb entra al apartamento, dando el comando para que las luces se enciendan. Los ojos oscuros del científico caen sobre mí; la sorpresa de saber descubierto y la incomodidad del momento lo mantiene congelado. Quieto bajo el marco de la puerta, esperando alguna respuesta o movimiento de mi parte, el cual nunca llega. Me mantengo en silencio, callada hasta el instante en que sus labios se mueven en una burda excusa. Sabía que sería difícil para el seguir de un momento para otro la nueva rutina establecida. Era consciente de la posibilidad que fallara, se le olvidara la hora de llegada o solo haya aceptado tan fácilmente, porque pensaba ignorarme. —Lo siento, no me di cuenta de la hora. Lamento llegar tarde.

