ALICIA —¿Hermano? Ya estoy en casa—. Grito nada más entrar en la casa. Son las 3:57 de la tarde y Darren acaba de dejarme. No hay respuesta, pero oigo ruido en la cocina, así que me dirijo allí primero. Lo primero que veo es a Trevor, apoyado en la encimera con el teléfono en la mano. —Hermano, ya estoy en casa—, repito en voz baja, jugando con el dobladillo de mi vestido. Levanta la vista del móvil. —Hola, Alicia. Frunzo el ceño y me acerco hasta que estoy a solo unos centímetros de él, y le tiro de la manga. —¿Quieres decir calabacita? Los ojos de Trevor se suavizan y asiente con la cabeza. —Lo siento, hola, calabacita. Dejo que una pequeña sonrisa aparezca en mi rostro cuando me doy cuenta de que no puede estar muy enfadado si todavía me llama calabacita, aunque haya tenido qu

