ALICIA En cuanto llegamos a mi casa y salimos de su coche, Darren me detiene antes de que pueda acercarme a la puerta principal. Se frota la mano por la boca y la barbilla, como si estuviera estresado. —Dime, Alicia, ¿en qué c0ño estabas pensando? Me estremezco ante la dureza de su voz y evito mirarle a los ojos mientras juego con el dobladillo de mi vestido. —¿Y bien? Estoy esperando. —No lo sé... —No lo sabes, exactamente—, me interrumpe. —Haces cosas sin pensar. Siempre. Todo el tiempo. ¿Recuerdas lo que casi pasó la última vez que fuiste a una fiesta? ¿O ya lo has olvidado?—. Me echo hacia atrás cuando se acerca. Sus ojos inspeccionan mi rostro y frunce el ceño. —¿Estás DR0G4DA, j0der?—. Extiende la mano y me agarra la barbilla antes de mirarme a los ojos. —¿Qué, ahora fumas? Pen

