Me Acariciaba lentamente mi mejilla, la nariz. Como tratando de memorizar mis rasgos. Acerco sus labios a los míos en un suave y profundo beso mientras ingresaba en mi lentamente y con un solo empujón.
Una mezcla de dolor y placer se abría paso en mi centro. Nunca me había sentido tan plena.
Comenzó a acelerar sus movimientos una y otra vez, sus besos se desparramaban por mi cuello, mientras una de sus manos masajeaba mi cuerpo entero.
-Mírame a los ojos.- me pidió con una voz ronca y llena de deseo. No me había dado cuenta porque era tanto el placer que sentía, que tenía los ojos cerrados.
Sus ojos entrecerrados me miraban con una pasión despiadada, me quemaba por dentro y me instaba a revolverme debajo de él.
Azul y ámbar. Sin despegar ni un segundo nuestras miradas, me perdí profundamente en sus ojos.
El creciente hormigueo que sentía y que aumentaba poco a poco me indicaba que comenzaba a acercarme al Clímax. Sé que él también lo estaba haciendo, no sé por qué, pero lo sabía. Mi cuerpo era una esponja que absorbía todos sus estímulos. Como si predijera lo que estaba a punto de pasar Frank se acercó y me volvió a dar un profundo beso, mezclado con un glutural gemido. Juntos y con un beso, llegamos a la cima del placer. Los espasmos de placer sacudían mi interior.
Poco a poco el sueño se apoderaba de mí.
-Eres adictiva Sienna. No podre dejar que nadie más te toque.- escuche a lo lejos mientras mis ojos comenzaban a sentirse muy pesados. Con una sonrisa adormilada, me deje llevar por un profundo sueño.
Los tenues rayos de sol hicieron que abra lentamente mis ojos. Estire lentamente los brazos sobre mi cabeza, para descubrir que me encontraba sola en una gigantesca cama. Me dolía todo el cuerpo.
Parpadee un par de veces confundida, lentamente y a cuentagotas comencé a recordar la última noche. Sobresaltada me senté rápidamente en la cama, asustada y sorprendida lleve las manos a mi boca.
Mierda… Qué carajo hiciste Sienna? Me autopregunte, pero la respuesta era obvia.
Me acosté con Frank Harper. El mismísimo candidato a gobernador por el partido demócrata. Popular y carismático, era la locura de todas las mujeres de la ciudad. No era mi caso. Aunque si la cague, porque hace meses trataba de conseguir una entrevista con él y nunca la conseguía, solo daba entrevistas a las personas que su equipo elegía. Periodistas destacados y famosos. No era mi caso, que recién comenzaba mi carrera.
Espera. Él está malditamente COMPROMETIDO. Con la engreída de Lucy Clayton. Como pude obviar ese “pequeño gran detalle”. Definitivamente el alcohol se había llevado la poca cordura que tenía. Poco a poco imágenes de la excitante noche anterior se volcaban en mi mente, recordándome estas sensaciones que nunca había vivido. Acaso era mucho más fuerte la atracción instantánea que sentí, que mi cordura? Definitivamente sí. Pero era algo a lo que no estaba dispuesta a enfrentarme en este momento.
Debía marcharme lo antes posible de aquí. De la vergüenza no iba a poder mirarlo a esos hermosos ojos azules nuevamente.