FRANK En mis treinta y cinco años nunca sentí celos ni nada parecido por nadie. En cierto punto era algo de lo que me enorgullecia, el no depender emocionalmente de una persona. Hasta el día de hoy. Esa pequeña y exuberante periodista me volvía completamente loco, estos nuevos sentimientos me hacían actuar como si fuese otra persona, me importaba un carajo mi carrera politica o el titulo de diputado. Cuando la vi en la pantalla de televisión con ese ajustado vestido rojo me volví en un demente, más loco de lo que ya estaba por ella. Tuve la mala suerte de escuchar el desagradable comentario del idiota que estaba a mi lado. Solo quería golpearle de una vez por todas ese feo rostro que tenia, para demostrarle que esa mujer, incluyendo sus tetas, era toda mía. Bill por protegerme de

