Sienna
Media hora llevaba el discurso del vicepresidente del partido. Su tono de voz era aburrido y poco atrayente. Cuando era el momento de pasar a la ronda de preguntas, un revuelo se escuchó en las puertas de entrada.
—Mira ellos son los del equipo de seguridad del Sr. Harper. Nadie nos dijo que iba a venir.- dijo mi asistente de cámara, mientras yo me quería esconder debajo de la silla.
Parecía una broma del destino. Mi primera oportunidad de comenzar mi carrera profesional y estaba tan nerviosa que podría hacerme pis encima.
Los murmullos de sorpresa y clamores se hacían cada vez más fuertes. Todas las cámaras apuntaban a la entrada. La ronda de preguntas para el vicepresidente fue totalmente ignorada por la totalidad de la prensa. No le quedó más remedio que darle la bienvenida a Frank por el micrófono.
—Demos la bienvenida, sorpresa por supuesto, al actual candidato de nuestro querido partido y además mi futuro yerno, Frank Harper.- exclamo un poco más entusiasmado.
Ante esas palabras el estómago se me vino abajo. “Yerno”.
—Sisi, mira ahí viene.- me gritaba un entusiasmado asistente. Frank tenía a toda la prensa metida en bolsillo, su carisma realmente no tenía comparación.
Primero pasó su servicio de seguridad, y atrás a lo lejos, pude distinguirlo. Realmente era imposible no verlo, con sus 2 metros de altura. Sonreía de oreja a oreja mientras se detenía a estrechar manos y agradecer la presencia. Un escalofrío me recorrido la espalda. Quede congelada.
A un metro de distancia, nuestras miradas se conectaron. Su sonrisa se fue por un instante al reconocerme y volvió más potente aun. Solo me atine a mirarlo y sonreír amablemente. Nunca imagine que se acercaría a saludar.
—Buenos días.-Me dijo mientras estiraba una mano para estrechar la mía. Lentamente subía la mía para corresponder el saludo. Apretó suavemente pero firme mi mano. Se acercó a mi odio y dijo rápidamente:
—Te veo luego.-se alejó y me guiño un ojo. Sentí como poco a poco mi cara se ponía roja al borde de estallar. Mirando a los costados pude ver que, gracias a dios, nadie se había dado cuenta de nuestra tensión.
Y allí estaba, el flamante Frank Harper, subiendo al escenario con unos movimientos coordinados y perfectos. Y aquí estaba yo, completamente loca.