Sienna
A la salida del callejón una camioneta 4x4 polarizada nos esperaba. Por un pequeño instante
dude en subir, pero unos fuertes brazos me tomaron por las piernas y me subieron a la fuerza.
-Señor, ¿hacia dónde vamos? – pregunto una voz desde el asiento del conductor.
-Hacia el departamento.- automáticamente el auto arranco a toda velocidad. Un vidrio divisor
se subió lentamente, dejándonos por completo solos. Mi cuerpo se puso rígido.
-Te agradezco por rescatarme, pero no te conozco, no se quien…
-Mi nombre es Frank, vas a decirme que no me conoces?.- automáticamente mire su rostro.
Parpadee un par de veces y mis ojos se abrieron gigantescamente al darme cuenta de que el
mismísimo Frank Harper estaba al frente mío. El inalcanzable Frank Harper, mi mente trataba
de procesar el hecho de que él me hubiera siquiera registrado, rescatado y llevarme en su auto
¿A dónde?
-un gusto en conocerte Frank.- dije mientras le agarra la mano, como en un saludo formal.-
pero necesito que detengas el auto. Tengo que bajarme.
Sus ojos se abrieron por la sorpresa un instante, apretó un poco más fuerte mi mano y con la
otra tomo mi rostro por las mejillas, acercando sus labios a mi oreja.
-No me digas que no sentiste lo mismo que yo allá dentro. Solo te voy a pedir una cosa.- mi
cuerpo se estremecía ante sus palabras y a la sensación que provocaba su aliento en la piel de
mi cuello. El aire se tornó caliente y denso. La parte trasera de la camioneta se sentía tan
pequeña para estos dos hambrientos cuerpos. No sé por qué reaccionaba así, tan dócil y
dispuesta a todo.
-Solo una noche. No quiero, ni necesito más.
La Sienna que todos conocen, nunca hubiera aceptado. Una aventura de una noche. Y con el
mismísimo Frank Harper. Aunque lo que menos me importaba en este momento, era pensar
en quien era él ni lo que representaba. En realidad, no me importaba absolutamente nada.
Solo quería seguir sintiendo estas nuevas sensaciones, esto que nuestros cuerpos provocaban.
Una atracción natural e instantánea. Inconscientemente buscaba estar cada vez más pegada a
él. No podía dejar de mirarlo. Esos dos ojos azules en los que se reflejaban las tenues luces de
la calle. Su fuerte mandíbula apretada y sus labios cerrados. Mi mejor respuesta la dio mi
cuerpo.
En un pestañeo mi boca impacto fuertemente en la suya, sus manos buscaban y se metían por
dentro de mi ropa. Me senté a horcadas arriba de él, moviéndome y sintiendo su fuerte
virilidad, volvía a hacerlo una y otra vez, para seguir sintiendo sus profundos gemidos.
Hasta que todo se detuvo.
-Llegamos.-dijo sobre mis labios y me levanto de su regazo. Hice un puchero por el cambio de
posición.
-Haces de nuevo eso y lo vas a lamentar.- me advirtió en un tono aterrador.
-¿hacer que?- dije mientras hacía de nuevo el mismo gesto- ¿esto? ¿Vas a castigarme?
-Ni te lo imaginas.