Capitulo XIV: El precio de la información

1148 Words
Sienna: Me sonrió amablemente antes de bajar del auto. Rodeo el mismo para abrirme la puerta y ayudarme a Salir ofreciéndome su mano. Cuando mis pies pisaron firmes el suelo, el nunca soltó su agarre de mi mano. Sonreí ante la naturalidad del gesto. Un valet Parking se acercó casi corriendo para tomar la llave, mientras nos saludaba amablemente. ­—Señor, Señora. Permítame decirle que hacen una hermosa pareja. Bienvenidos.- me puse roja al escuchar semejante equivocación, sobre todo porque Frank no se molestó en corregirlo. Solo le sonrió y le dio las gracias. Por unas escaleras de piedra entramos a un lujoso y reservado Restaurant. Lo raro es que no había nadie más que nosotros. Las luces tenues, las paredes de cristal y los detalles de madera lustrada, hacían una combinación increíble. El ambiente era clásico y acogedor. Nos sentamos en una mesa que estaba especialmente preparada, con unos candelabros de bronce, copas de cristal y cubiertos dorados. Una nota escrita con una fina caligrafía decía “Sr. Y Sra. Harper.” En la mesa nos encontrábamos enfrentados, por lo que era inevitable cruzar nuestras miradas constantemente. Me aclare la garganta para comenzar a hablar y aclarar todo esto. Pero inmediatamente, como sabiendo lo que quería hacer, me interrumpió. —Sienna, Mira. No sé en realidad por dónde empezar. Solo sé que seré honesto contigo, hoy y siempre. Nunca me acuesto con personas que no conozco, contigo no sé qué es lo que me sucedió. Fue algo instantáneo, sentía que te conocía. Pretendo descubrir que es esto, si tú me lo permites por supuesto.- hizo una pequeña pausa, buscando mi mirada. —Quisiera conocerte, sin presiones, ni la mirada intrusa de los medios. Sobre todo…. —Tu, estas comprometido. Es todo lo que diré.- interrumpí fríamente y esquivando su mirada. Estaba celosa, aunque nunca lo admitiría en voz alta. Apoyo sus codos en la mesa y negó con la cabeza. Su rostro tenía una expresión de disgusto, parecía que acaba de comer la comida más asquerosa del mundo. —No es así Sienna. Te quiero contar todo, pero lo único que debo pedirte es discreción. Nadie puede enterarse de esto, eres de las pocas personas que sabrá la verdad.- sus ojos azules me clamaban comprensión. —Entiendo. No diré nada.- Trate de tranquilizarlo, buscando su mirada. Este hombre quería abrirse ante mí, una mujer que no conocía en absoluto. Y eso significaba mucho para mí. —Mi compromiso con Lucy no es real o no lo es por lo menos para mí. Fue un acuerdo que hicieron hace mucho tiempo mi padre y el suyo.- suspiro agotado. —En realidad, nunca se me paso por la mente casarme con ella, ni siquiera me atrae y mucho menos para formar una familia.-su honestidad me partía al medio. —Pero si todo el mundo cree que es real, como haremos para “conocernos”.- dije haciendo comillas con mis dedos a la palabra. Debía sacarme todas mis dudas antes de adentrarme en cualquier cosa. Nuestra conexión y química eran inexplicables, sentía una terrible atracción por él. —Solo dame algo de tiempo para ordenar mis cosas. No solo por ti, sino también por mí. Si quiero ser cien por ciento real con la gente, debo comenzar a serlo conmigo mismo.- dijo mientras se veía que tenía un debate interno, y que esto era duro para él. —Entonces, Señorita Miller, Flamante periodista de Princenton´s ¿Acepta conocerme?.-me pregunto con una sonrisa despampanante, que haría derretir a cualquier mujer. Como a mí por supuesto. Toco mis fibras más sensibles. Me puse a reír a carcajadas por la formalidad de su propuesta. —Está bien, no hagas que me arrepienta. Si no me gusta algo, te lo diré. No esperes que sea una chica sumisa. En ese caso, Acepto, Sr. Fran Harper. Flamante Diputado nacional. Tomo suavemente mis dos manos en un solo agarre, mientras que con su dedo pulgar las acariciaba. Un gesto tan dulce que no me esperaba. —No lo espero, en absoluto que no.- me miró fijamente con una sonrisa indescifrable. Levanto su mano libre para llamar al mozo. —Champaña, debemos celebrar.- ordeno. Su nivel de exageración no paraba de sorprenderme. Así fue pasando la noche. Mi cansancio quedo en segundo plano. Estuvimos hablando como por dos horas absortos el uno en el otro. Me conto muchas cosas sobre su familia. Se notaba a la legua lo mucho que amaba a su madre por cómo se encendía su mirada al hablar de ella. No era si con su padre, a quien respetaba pero que siempre se comportó como un idiota con su madre. La relación entre su padre y madre era solo formal, eso afecto muchísimo su niñez por que vio cosas que no quería. Frank no quería lo mismo para su vida, casarse con alguien solo por el Status Quo. Por ello nunca tuvo una relación seria, solo tenía ese compromiso falso. Yo le conté alegremente sobre como mi madre y mis hermanos vivían en el campo humildemente. Que ellos eran mi motivación de todo, como cada centavo que ingresaba en mi cuenta iba para ellos, el mientras tanto me miraba con admiración. Quedo en acompañarme un día a visitarlos. Ni siquiera me atreví a mencionar a mi Padre, era algo que no valía la pena nombrar. Cuando la comida llego no me había dado cuenta que tenía tanta hambre. El olor viajaba por mis fosas nasales haciendo rugir a mi estómago. Se olía exquisita y sabía aún más deliciosa. La especialidad de la casa eran las pastas italianas, yo me devore una extraordinaria lasaña. Frank comió un Rigatoni a la carbonara, el cual me tome el atrevimiento de probar. El, sorprendido se reía todo el tiempo. El ambiente que se creó entre nosotros era relajado y natural. —Sabes que ahora puedes utilizarme. Nuestra relación te puede llegar a servir para sacarme información.- Dijo con picardía, mientras observaba mi reacción. Se me detuvo la respiración, “Nuestra Relación”. Mi corazón latía rápido, ante el pensamiento. —Aunque te advierto, que no será gratis.- dijo comiéndome con la mirada. Impulsada por el deseo que me transmitía, le seguí el juego. Con un movimiento comencé a rosar mi pierna con la parte interna de la suya. —¿Y cuál sería el precio?.- Exprese con determinación haciendo una voz suave. Tomo mi pierna poder debajo de la mesa y comenzó a acariciar mi tobillo, subiendo lentamente hasta mi pantorrilla. Comencé a moverme inquieta en la silla en reacción a su tacto, necesitaba más caricias. —El precio depende de la información que usted solicite señorita Miller.- su voz en un tono bajo era tan sensual que me produjo escalofríos. Baje de golpe mi pierna para que la soltara. Su cara de confusión me dio ternura. —Quiero todo diputado Harper.
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