Capítulo 5 Al fin mía

1524 Words
Narra Cristian Anoche fue maravillosa, no esperaba que Sandra aceptara que le hiciera el amor, ella es maravillosa, aparte de hermosa, creí que estaba enamorado de Daniela, pero… cuando vi a Sandra esa noche del compromiso, quedé prendado a su belleza, al principio me sentía confundido, pero después de la boda y la luna de miel, al ver cerca de ella tipos que estaban interesados no pude evitar esos celos que me provocaban a verla coquetear con el de la playa principalmente, y lo que espero que no hayan intercambiado números telefónicos, porque ella, al fin es mía y no pienso dejarla por ningún motivo. Lo que no me gusto en lo más mínimo, fue que se presentara como mi socia cuando yo la iba a presentar como mi esposa, y más a ver las reacciones de los demás socios, sobre todo, del idiota de Adrián, ese no pierde la oportunidad de conquistar a una mujer soltera o es raro el caso que lo hace con una casada. Y eso no lo voy a permitir. Después de la junta, Sandra me reclamó del por qué dije que era mi esposa, pero si es la verdad no dije alguna mentira, y ahora comprendí su molestia, sus celos por Daniela y que exista la posibilidad de que venga algún dia a verme, cuando realmente nunca lo ha hecho, aunque… eso era cuando papá era el CEO de la empresa y ahora soy yo quien tiene ese puesto. ¡Maldición! No lo había pensado hasta este momento que mi esposa me lo dijo. Tengo que hablar con Dani y terminar con esa relación, sé que le dije que me divorciaría una vez que terminara el contrato, sin embargo, he cambiado de opinión y no sé cómo hablarlo con ella sin herirla. — ¡Idiota! — ¿ahora que le diré a Dany? Es decir, la quiero, pero… todo se está haciendo muy confuso. Ni hablar, tengo que verla para poder aclarar las cosas… Se abre la puerta de mi oficina, miro y… parece que la invoqué. — ¿Se puede saber por qué los de seguridad no me dejaban entrar? — está muy furiosa y supongo que esa debió ser Sandy. — Ellos no te conocen. — justifico defendiendo a mi esposa. — Pues más vale que les digas quien soy para que no me hagan pasar malos momentos. — se acerca a mí, y se sienta en mi regazo. — Lo mejor sería que nos viéramos en otra parte, tú sabes, mi padre puede venir cuando menos lo esperamos y… — me interrumpe levantándose y caminando como fiera enjaulada, — ¡¿Qué quieres decir?! ¿no tengo derecho de venir a verte a tu oficina? — ¡Dios! Nunca la había visto así. — Dani… — me mira y veo odio en su mirada. — ¡Dani, nada! — grita y comienzo a desesperarme, no quiero que Sandy vea este espectáculo, y más cuando le prometí que esto nunca ocurriría. — ¿sabes qué? Mejor me voy y háblame cuando pueda venir a verte. — sale de mi oficina como rayo, trato de alcanzarla, sin embargo, me paralizo cuando veo a Sandra parada junto a mi secretaria viendo todo esto. — ¡Vaya! Creo que me equivoqué después de todo. — me mira con burla. — Amor, no es… — una vez más, soy interrumpido. — ¿lo que parece? Y no me digas amor. — definitivamente soy un idiota. — Sandy… — la llamo, pero me ignora. … La noche llega y con ella, la hora de la salida, voy bajando por el ascensor y en ningún momento mi esposa lo toma, lo que significa que, o ya se fue, o no ha salido aún. Cuando llego a la salida del edificio, la veo ahí esperando un taxi, sin embargo, un tipo se le acerca, lo miro mejor y se trata de… — ¿Qué así aquí? — se supone que debió irse hace mucho tiempo. — Sandy, te estaba buscando. — digo una vez que estoy cerca de ellos. Ella me mira y no es con amor precisamente. — Si, vámonos. Creí que ya te habías ido. — dice sin mirarme. — Nos vemos, Adrián. — al tipo le sonríe. ¡Genial! Lo que me faltaba. — Adiós, bella. — el muy descarado toma su mano y antes de que le deje un beso, tomo su mano alejándola de ese imbécil. Nadie toca a mi mujer ¡Nadie! El tipo se aleja con mala cara, ja, para lo que me importa. Sigo de la mano de mi esposa, hasta llegar al carro, le abro la puerta y ella entra. Hago lo mismo. Durante el camino fue igual que en la mañana, un silencio bastante incomodo, quisiera ser el primero en romper el hielo entre nosotros, sin embargo, de hacerlo así, siento que terminaríamos discutiendo, y es lo que menos deseo en estos momentos. Al fin llegamos a casa y antes de que ocurriera otra cosa, Sandra subió por las escaleras y se encerró en la habitación, tal vez quiera estar sola, pero… muero de ganas de estar con ella y hacerle el amor por toda la noche, hasta quedar exhaustos. Entro a su habitación y ella ya se encuentra recostada. — ¿Sandy? — la llamo, sin respuesta alguna. Lo mejor es salir de ahí, así que me dirijo a mi habitación, no dese0 causarle molestia alguna, estoy muy seguro de que no le alegró en lo más mínimo ver a mi… Daniela por la empresa y más que estoy seguro de que fue ella quien no le permitió la entrada al edificio. En fin… ya mañana será otro dia. … Me levanté y bajé a desayunar junto a mi esposa, sin embargo, al llegar al comedor no la vi. — ¿Y mi esposa? — le pregunté a la ama de llaves, Rose. — Salió temprano sin desayunar. — dijo de lo más tranquilo. — Qué raro. — ¿habrá junta? No lo creo, mi asistente me lo habría dicho. … Estoy en la empresa y mi esposa aun no llegaba, lo que me seguía pareciendo muy raro, tomo mi móvil, y antes de que la llame, la puerta de mi oficina se abres. ¿es que nadie toca antes de entrar? Miro y es… — Dani. — ¿Qué hace aquí? le dije que la buscaría. — ¿En verdad no puedo venir a verte? O ¿Es que acaso te aburriste de mí? — siempre con esos dramas. — Claro que no. Es sólo que te dije que… — otra de sus manías, interrumpirme. — Que después me buscarías, pero no puedo esperar y menos el que te divorcies de esa mujer, no lo soporto. — ahí vamos de nuevo. — Ya hemos hablado de eso. — es la verdad. — No me importa. Quiero que la dejes. — tiene que ser una broma. — Y ya te dije que no es tan fácil, hay un m*****o contrato de por medio. — comienza a exasperarme. — ¡Bien! Sólo espero que no te arrepientas. — puedo imaginar a que se refiere y la verdad, arrepentido ya estoy. — Por cierto… ¿Sabes dónde está tu “esposa”? — no me gusta su tono de voz. — ¿De qué hablas? — trato de no darle importancia al tema. — Bien. — deja un pedazo de papel sobre mi escritorio y sale de la oficina. Seguramente lo hace para que tome la decisión de pedirle el divorcio a Sandra, sin embargo, no pasará. Pero mi curiosidad pudo más, así que salí de la oficina y me dirigí al lugar que indicaba el papel que me había dejado Daniela hace unos momentos. Y justo antes de que pidiera el ascensor, este abre sus puertas y me deja ver a mi esposa, quien se encontraba muy alegre, miro a su lado y estaba ese idiota. ¿Por qué estaban juntos? Acaso… espero que no sea lo que pensé por un momento. — Márquez. — se acerca a saludarme, sin embargo, me hago a un lado ignorándolo para poder tomar la mano de mi mujer y llevándola a mi oficina. — ¿Qué te pasa? — me reclama una vez que estamos en mi oficina. — No me gusta ver a ese… tipo cerca de ti. — estoy que me lleva la c******a por lo que acababa de ver. — ¿Disculpa? — pareciera que no sabe de lo que estoy hablando. — ¿Qué hacías con él? — quería saber. No quiero pensar cosas que no son y no decir cosas de las cuales podría arrepentirme. — Me lo encontré en el ascensor. — dice con tranquilidad. Además, sé que debo creer en ella o ¿no? — Por cierto ¿Dónde estabas? Sé que saliste a comer, pero ¿Con quién? — sé que estoy siendo muy celoso con respecto a mi esposa, pero… yo. Bueno, aun no sé qué siento por ella, de lo que, si lo estoy, es que no quiero que nadie más se acerque a ella.
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