Di pequeños pasos y entré en su habitación mientras movía mi mirada hacia papá, observando su rostro a medida que me acercaba. Estaba extremadamente silencioso y ni siquiera podía oír su respiración, pero cuando me detuve a su lado, dejó escapar lo que parecía un suspiro. Estaba a punto de despertarse, pero ya era demasiado tarde para huir. Ya estaba de pie junto a su cama, y me atraparía pase lo que pase. —¿Qué pasa, bebé? —Susurró mientras abría los ojos para mirarme. Me congelé, pero sólo por un segundo. Quería estar aquí. No había ninguna razón para que me fuera o mintiera. —Te he echado de menos esta noche. —Le dije mientras mantenía mi voz lo más tranquila posible. —Estabas ahí conmigo, amor. ¿Cómo has podido echarme de menos? Si tuviera la respuesta a eso, se lo habría

