—Oh, Dios. — Suelto un suspiro tembloroso al verlo acariciar su longitud imposiblemente grande. Es tan gruesa como mi muñeca y tan larga que sobresale del espeso vello oscuro que la rodea. —Mía. — El híbrido gime esta vez, y veo cómo el semen sale a chorros del extremo de su polla. Deja un charco en el suelo a sus pies, pero lo ignora mientras se acerca. Soy una cambiaforma, pero solo soy una pequeña loba y nunca me habían montado. Este híbrido es salvaje y parece estar en celo, una combinación mortal. Sé que no debo huir de un lobo porque lo único que conseguiré es abrirle el apetito y hacer que me desee más. Lo único que puedo hacer es someterme y rezar para que no me mate. Mi camisón de algodón está raído de tanto usarlo y, mientras sus ojos recorren mi cuerpo, deseo llevar algo

