Asentí. Y ella bajó la mirada hacia mi pene. —has estado usando mis bragas, papi? Encontré unas sucias con esta cosa blanca en la entrepierna. Estaban en tu habitación, en el suelo. —Maldita sea. Me pillaron. — Tuve que probarlo todo, cariño, y el olor de tu dulce coño en esas bragas es embriagador. Además, a veces, cuando las encuentro en el suelo de tu habitación por las mañanas, están todas mojadas en la entrepierna. Jules se sonrojó e intentó apartar la mirada, pero no la dejé. —El olor a jugo de tu coño es tan adictivo que no puedo evitar envolverme la polla con tus bragas mojadas y masturbarme. Solo pensar en lo bien que debe saber tu coño a veces me excita. Me corro enseguida dentro de tus bragas. Ahora estaba frotando su coño con toda mi mano y ella mecía sus caderas al ritmo. —

