Alina —No. — resopló, sin ganas de salir de la cama todavía. He pasado de no querer nada más que salir de casa a no querer salir nunca de la nueva. Sobre todo de la cama. No es que mi nuevo papi necesite una cama para hacer todas las cosas deliciosas que quiera con mi cuerpo. Es suyo porque ahora le pertenezco. Además, mi nueva casa, o más bien mansión, tiene todo lo que pueda necesitar. Se acabó la vida aburrida porque ahora está llena de color. Mi armario está a reventar y podría jugar a disfrazarme durante días. Las reglas también son diferentes aquí, y me encantan todas. —Si no estuvieras embarazada y no fuera Navidad, te daría unos azotes. — Santino me quita la manta de encima y mira mi cuerpo desnudo. Las primeras semanas que viví con él, me tenía una mano atada a la cama mient

