Hay un latido de silencio mientras el corazón me sube por la garganta. Apunto mi polla llorosa a su orificio, saco los dedos tras unos cuantos bombeos de cebado y me alineo. —Folla a Papi,— gruño, dándole un fuerte tortazo en el culo. —Sé una buena chica y fóllate a tu Papi. Le pones nervioso, ¿entonces no crees que tienes que pagar?— Subo y bajo la mano un par de veces mientras su calor conecta con la cabeza hinchada, casi haciendo que me corra allí mismo. Se está echando hacia atrás lentamente, meneándose y balanceándose hasta que su boca se abre y aprieta los ojos, mientras el obvio problema del tamaño se vuelve más claro. —No puedo.— Le doy otra bofetada en el culo. —Tú puedes. Lo harás. Dame esa cereza, nena. Dile a Papi que quieres estar con él para siempre mientras te dest

