—Por favor, Daddy. He sido mala, muy mala—Suena desesperada y sonrío sobre su otro pecho, lamo el pezón y lo meto en mi boca—. Necesito esto, Daddy. Necesito que me perdones. No volveré a tocarme sin tu permiso. Y eso es todo lo que necesito. No soy tan fuerte como para torturarla por más tiempo. Sé que solo sigue mi juego, no lo dice de verdad. Necesita correrse y no puedo negárselo por más tiempo. Estimulo el punto que tanto le gusta con mi polla, embisto con rapidez, mis caderas sucediéndose de forma rauda, igual de desesperado y perdido. Sus ojos avellana se estrechan y lo veo venir, una ola poderosa la embarga, la sacude. —¡James! Sus uñas se clavan en mi pecho, rastrilla mi piel y se arquea. Su coño me constriñe demasiado, tanto que no puedo moverme. Palpita y tiembla a mi alre

