Abro los ojos, la luz de la mañana se cuela en mi ventana. La espalda de Alexandra choca contra mi pecho. Mis brazos la tienen rodeada, mi polla crece sobre su trasero redondo. Demasiada tentación para iniciar la mañana. La acerco más a mí, mi mano rodea su pecho y beso su cuello. Se queja y se remueve, pero no hace más. Abarco su coño y muevo mis dedos por encima de su entrada. Esta vez consigo un gemido. Alexandra abre los ojos y se estira de manera perezosa. Continúo tocándola, mis dedos se llenan de su humedad y solo pienso en deslizarme dentro de ella cuanto antes. —James, necesito dormir—musita contra la almohada. —Es mi manera de despertarte, bonita —Mi dedo se hunde en su coño y gruño, está muy mojada. No tienes que moverte, nena. Me encargo de los dos. Aprieta la colcha, si

