No contento con eso, me retiro la corbata. Llevo sus manos a su espalda, las cruzo y las amarro en un nudo fuerte. No aprieto demasiado porque no quiero dejar marcas en sus muñecas, pero es lo suficientemente resistente para que no se deshaga con facilidad. —Maravillosa—susurro con orgullo. Alza la ceja y sonríe. Esta chica... me lleva al límite. Aparto la tela que cubre su coñito. Mi lengua recorre mis labios con lascivia ante la vista. Brilla de deseo, gotea por mi polla. Me masajeo, sintiéndome duro. Mi polla gruesa y larga quiere entrar en ese coño acogedor y húmedo. Es la única manera de seguir con mi día. —Tengo planeado algo para nosotros más tarde —anuncio con ansiedad. He reservado una habitación en el resort todo el fin de semana. Quiero follarla tanto como sea posible. Nos

