—¿Qué demonios fue eso?— Susurra Peter al alcanzarme. —¿Quién es ella? —Beth,— gruño. —Es mi mujer. —¿Yo?— Ella pregunta. —¿Lo es?— Pregunta Peter al mismo tiempo. Me hierve la sangre de muchas maneras diferentes y se me hace muy difícil hablar. Sólo aprieto mi agarre en su muslo desnudo y sigo adelante. La quiero fuera de aquí. Lejos de todos estos ojos curiosos. Quiero que estemos solos. —Echa a ese gran imbécil de mi hotel,— le digo a Peter antes de desaparecer dentro. —No quiero volver a verlo. Peter traga saliva mientras se da la vuelta y observa al tipo furioso que sale de la piscina por segunda vez. —¿Qué?,— jadea. —¡¿Quieres que se lo diga?! ¡Damon! ¡Damon!. Si Peter quiere ser el gerente del hotel, entonces tendrá que ocuparse del hotel. Además, tenemos seguridad a la que

