Deja un rastro de su saliva sobre ese pecho y chupa otro pecho, sus dientes se clavan en mi seno y mi pelvis choca contra su bulto. Lo siento muy duro y grande. Percibo los cambios de su cambio y me atemoriza no poder responder como se espera. No soy una loba y no podré darle todo lo que quiere. Quizás termine abandonandome al darse cuenta lo diferente que somos. —Las tetas más hermosas, las de mi caperucita. Se apoya sobre sus rodillas y se arranca la ropa. Mis ojos se llenan de su cuerpo musculoso, su pecho cincelado y marcado, el lugar en su abdomen como rasgo especial y característico. Mis manos tocan su pecho musculoso y su paquete de seis. Gruñe y me mira con atención. Sin romper mi mirada, beso su pecho, lamo sus pectorales y entierro las uñas en su piel. Eso hace que sus manos

