—¿Qué? —La seriedad de mi voz hace que abra los ojos mientras gira la cabeza sobre la almohada para mirarme. —¿Qué pasa? —Su flequillo rubio cae torcido sobre su frente y esos ojos que me hipnotizan quedan a medio abrir. —No sucede nada malo. Al menos, espero que no. —Trago con fuerza y decido lanzarme sin ceremonias. —Sabes que eres el mundo para mí,¿verdad? Eres todo lo que nunca imaginé tener. Tienes que ser mi esposa, osita. Sé que dije que tenía que preguntarte algo, pero creo que no es realmente una pregunta. Eres jodidamente mía. Quiero que el mundo lo sepa. Quiero que estés atada a mí de todas las maneras posibles. Y esto —sostengo la pequeña caja de terciopelo blanco en mi mano, —es parte de lo que serás para mí. Mi esposa. Abro la tapa y le expongo el anillo de oro rosa qu

