El aroma de las flores me llega a mitad de la escalera, y Xander empieza a besarme incluso antes de que lleguemos a la planta, haciendo que mi cuerpo se agite. Me siento tan pequeña en sus brazos, tan abrumada. Pero cuando dobla la esquina del pasillo que da a la gran sala y rompe nuestro beso, puedo ver la sonrisa justo ahí, moviéndose bajo su espesa barba negra. Gira nuestros cuerpos unidos hacia un lado y guía mis ojos con los suyos hacia el pasillo que tenemos delante. —Dios mío. —Me quedo con la boca abierta y todos los sueños de chica que he tenido saltan por los aires. El suelo del pasillo está lleno de jarrones con todo tipo de flores blancas que pueda imaginar. Rosas. Lirios. Peonías. Todas blancas y exuberantes con su belleza simple y honesta. —Eres demasiado dulce para mí,

