Me apoyo de nuevo sobre mis codos con una mueca, sin estar segura de si me gustaría ponerlo a prueba ahora mismo o no. Me muevo con demasiada lentitud porque Xander se agarra a un tobillo, con impaciencia en los ojos. Coloca uno de mis pies en el borde de la cama y luego el otro. —Será mejor que separes esas rodillas, Ángel. A papi no le gusta esperar. Si estás asustada o nerviosa, siempre puedes decírmelo, pero no puedes desobedecer. Ahora déjame ver lo que tienes para mí. Muéstrame a quién perteneces ahora. Se agarra la barbilla con una mano, apretando fuerte mientras yo separo las rodillas. Mi boca se abre y mis respiraciones rápidas y superficiales me secan los labios. —Jesús —gime, con un movimiento de cabeza. —¿Estás molesto conmigo? —Pregunto en tono suplicante, confundida

