Tomo a Magui de la mano cuando salimos de la casa grande y nos dirigimos al granero, y ella sonríe mientras se acurruca cerca de mí. Anoche no quería perderla de vista, pero sabía que necesitaba descansar y tenía un plan. Estaba muy cansada y, después de ponerle un poco de melatonina en el té, supe que no se despertaría enseguida. Entré en su habitación a medianoche, cuando estaba profundamente dormida, y aparté las sábanas. Le dije que no se pusiera más bragas, y obedeció como un dulce ángel. Me desabroché el overol, me lo bajé lo justo para poder sacar la polla y me subí encima de ella. Abrió las piernas como si me estuviera esperando y empujé un poco en su abertura. Fue suficiente para sentir su calor húmedo en mi polla mientras le subía el camisón hasta arriba. Mi boca se dirig

