—¿Cómo...? —tragué saliva y aparté la mirada, intentando ordenar mis pensamientos—. Quiero decir... —lo intenté de nuevo y maldije, sabiendo que siempre era Ariel quien sabía cómo solucionar situaciones complicadas como esta. La idea de colarse había funcionado a la perfección; nadie la había cuestionado excepto el otro hombre en la habitación... Collin, pensé que se llamaba. ¿Cómo habían descubierto mi nombre? —¿Cómo sé que invitaste a una amiga a un evento exclusivo para el personal de la empresa? —preguntó, y me vio asentir lentamente, sintiendo el alivio de que Collin tuviera razón—. No lo sabía hasta ahora —dejó entrever su pequeña sonrisa torcida. —¡Pero sabías su nombre! —acuso Mikayla, sintiéndose engañada para revelar su secreto. —Te oyeron hablando con tu amiga, y fue una supo

