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Se mordió las cutículas mientras observaba a la esteticista en el salón de belleza aplicar cada capa de esmalte en las uñas de Emily, con la meticulosidad de un aspirante a Renoir. No podía soportarlo más. Estaba completamente destruída. Su hermana se casaría mañana y estaba tan molesta que no pudo formar un solo pensamiento coherente. No podía sacar a Mark Robbins de su mente y tenía que hablar con alguien. Desafortunadamente, debido a la naturaleza un tanto extraña del asunto y al no querer influir en el buen humor de Emily en la víspera de la boda, no había querido confiar en ella. - Estás extrañamente tranquila- comentó su hermana, admirando el viejo esmalte de uñas rosa que había elegido. - ¿Tu crees?- Janet cambió sus dedos y continuó mordiéndose las cutículas. - Sí, ¿pasa algo?

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