—Me pondré en contacto —afirmó ella, haciendo un gesto por encima del hombro. Al sentarse, se dio cuenta de que él se quedaba junto al mostrador de recepción, probablemente preocupado por si ella salía corriendo. Cuando ella le sonrió, él fingió no darse cuenta. Metió la mano en el bolsillo y hojeó la esquina de su tarjeta de visita. Los cinco minutos prometidos pasaron rápidamente; durante ese tiempo, un hombre grande y trajeado se sentó a su lado. Temerosa de despertar la necesidad del Cuarto Azul, trató de alejar la irritación que su prejuicioso ex novio había despertado en ella coqueteando con el hombre grande. —Siempre he odiado esperar —dijo y sonrió. —A no ser que tenga alguien con quien hablar, claro. Él la miró sin girar la cabeza. La respuesta anticlimática se hizo esperar. —

