15 EL RUIDO DE LOS CERDOS parecía venir de todas las direcciones. Era una ilusión; el viento seguramente estaba jugando con el oído de Jake. Los chillidos sólo procedían del interior del establo, cuya puerta mantenía entreabierta. Su teléfono vibró en su bolsillo. Lo tomó y dejó que la puerta del granero se cerrara con estrépito. Con suerte, sería Yorke con la noticia de que ya habían encontrado una coincidencia en la tierra, y lo sacaría de esta miseria. Mientras sacaba el móvil del bolsillo, se giró y luego se estremeció al ver a la anciana a sólo un par de metros de él; su rostro diminuto y húmedo se asomaba desde la vieja manta. —¿Te estás acercando a mí? —le dijo. Ella sonrió, y Jake miró su teléfono. Vio que llamaba Sheila y contestó. —¿Hola? —Ella vino aquí. Se le heló la sa

