Capítulo 8

2351 Words
        Cuando me despierto soy más consciente de lo que pasó la noche anterior. Dos brazos me envuelven la pequeña cintura y una pierna está entre las mías, me giro e Ian está con la cara metida en mi pelo, bien dormido y con cara de paz absoluta. Me deshago de su cuerpo como puedo y cuando estoy fuera de la cama le miro. Su pelo, ya un poco largo, le tapa las cejas negras. Su boca está entreabierta por el sueño, las piernas están como si aún me atrapase con una de ellas y sus manos siguen extendidas en la dirección donde estaba dormida. Sus abdominales.. Madre mía, ni con el subir y bajar de su torso se deforman. Ian podría ser un modelo perfecto si no fuera un policía perfecto. Es tan guapo que estaría en todas las revistas de moda y saldría con cada modelo perfecta aún más guapa que él, aunque no creo que le haga falta ser modelo para atraer a cualquier mujer.. Sacudo la cabeza para intentar refrescar mi calenturienta mente y salgo de la habitación para asearme y vestirme. Cuando está el desayuno casi hecho, aparece Ian con unos vaqueros bajos y una camiseta de tirantes. No sé si le agradezco haberse tapado o si quiero arrancarle la ropa, literalmente. —Buenos días Lucía. —¡Buenos días, poli! —saludo con entusiasmo—. ¿Cómo estás? —Muy bien, he dormido muy bien. —me guiña un ojo y me derrito—. ¿Y tú, editora? —Genial, gracias. Aquí tienes algo de desayunar, coge lo que quieras. Después de desayunar Ian propone ir a dar una vuelta por Madrid ya que hoy no trabaja. Me pongo unos vaqueros ajustados que están un poco rotos y una camiseta de manga corta negra. Cuando salimos de mi casa, la moto de Ian está aparcada frente mi puerta y chiflo de aprobación. ¡Soy un camionero, por dios! Ian está serio pero a mí no se me borra la sonrisa de la cara. —¡Es una pasada, en serio! Ojalá pudiera comprarme una como esta. —La tendrás. Venga, vamos. —me cruzo de brazos y le miro con el ceño fruncido—. ¿Qué pasa? —Eso digo yo, don gruñón. ¿Qué te pasa? Me hablas en tono cortante y pareces cabreado todo el rato. —Nunca he estado con una chica después de tirármela, ya lo sabes. —mi corazón se encoge ante la idea de ser la primera. Soy así de idiota—. Mira.. Mejor hablamos en un sitio más tranquilo. —¿Acaso la puerta de mi casa no es tranquila? —pregunto ansiosa. Ian niega con la cabeza y me sube a la moto de un tirón. Tras unas cuantas vueltas buscando aparcamiento, llegamos al Parque del Retiro y comenzamos a pasear en silencio. Ian me agarra la mano y me dejo llevar. Para ser con la primera chica que está más tiempo, lo hace muy bien. Cada vez me siento más cómoda con su presencia y eso me asusta, pero tampoco quiero rechazarlo porque me gusta demasiado. Mi cabeza da vueltas y vueltas mientras paseamos por el parque hasta que él rompe el silencio. —Lo siento por comportarme como un c*****o a veces. —Ian se rasca la nuca con la mano libre, como hizo la primera vez que estuvo en mi casa. —Entiendo que no hayas tenido algo más que sexo pero con ser amable es suficiente. —Esto es lo que es, Lucía. Simplemente te he elegido a ti para repetir todas las veces que quiera. —suelto su mano de inmediato. Será imbécil el tío. —¿Pero qué te crees? ¿Que todas las mujeres están a tu disposición con sólo chasquear los dedos? —A veces tengo esa sensación. —¡Pues conmigo déjate de sensaciones! —le espeto—. He aceptado este paseo y lo que pasó ayer durante toda la noche porque me atraes, si me atrajera otra persona más, no estaría contigo. —¡mentira de las gordas! —Se te da fatal mentir. —sacude la cabeza—. Cuando mientes se te arruga la nariz. —Ahora eres un experto en mis gestos. —bufo. —No entiendo por qué te pones así Lucía, cuando os dejamos las cosas claras, os molesta y cuando no decimos nada pero montáis vuestras películas, también os molesta. —Me pongo así porque tus palabras no concuerdan con tus actos. —recrimino, señalándole con un dedo—. Si sólo quieres sexo conmigo, ¿qué haces aquí en vez de ir a tu casa a descansar y hacer lo que te apetezca esta noche? —No lo sé. El resto del camino lo hacemos en silencio, Ian no dice nada y yo tengo un lío en la cabeza. Me atrae y me gusta, lo que he vivido con él está a otro nivel y su presencia me llena de calma, pero para él parece ser que sólo soy una chavala más con la que divertirse. Quizás, bueno no, seguramente esto acabe mal, pero ahora mismo sólo quiero pasar un rato con él. Soy así de boba. Seguimos caminando por la Puerta del Sol, después subimos por la calle Mayor hasta la plaza. De vez en cuando le miro y le pillo sonriendo mientras mira a la gente sonreír o a los guiris en los coches de caballos, la tensión que había antes ha desaparecido y nuevamente estamos paseando con las manos enlazadas, como una pareja normal. Pasamos por el Palacio Real, vamos por la calle Gran Vía y después, vamos a comer a un restaurante que conozco cerca del Parque del Retiro, donde está la moto de Ian. En el restaurante Palacio de Cibeles, mi mejor amiga, María, me saluda feliz. —¡Hola chiconina! ¿Qué haces aquí? —me giro y veo a Ian mirando con curiosidad el restaurante. —¡Hola Marius! He venido con un amigo a comer algo. Éste es Ian, Ian ésta es mi mejor amiga, María. —se dan dos besos y mi amiga nos lleva a una mesa que está al fondo, más privada. Cuando nos acomodamos, pedimos la bebida y la comida. Ian me deja total libertad y pido lo mejor de la casa. —¿Está buena la comida de aquí? —¡Es la mejor! Te lo aseguro, creo que no he probado comida más buena que la de aquí y eso que mi padre cocina muy bien. —¿Es cocinero? —Oh sí, tiene un restaurante enfrente de la Mezquita. —Ian frunce el ceño y le yo se lo aclaro—. Está en Córdoba, soy de allí. —La primera vez que te escuché hablar me pregunté de dónde era tu acento. —me río. Es normal, soy muy bruta hablando. —Tu acento también es raro y tu nombre.. Muy español no es. —lo suelto con la intención de saber algo más de él y.. ¡Cuela! —Mi padre es de Estados Unidos y él escogió mi nombre. Viví allí veinte años por eso tengo el acento tan raro pero mi madre es española y hablo desde bien pequeño el idioma. —me siento intrigada por su historia así que le pregunto por qué se mudó—. Vinimos a España porque mi abuela materna se puso enferma y mi padre no puede estar separado de mi madre más de dos días. —Eso es muy bonito.. —sus padres son como los míos, si uno se mueve el otro también, como imanes. —No es nada bonito depender de nadie, Lucía. No sabes lo que es ver sufrir a tu madre cuando tu padre se tiene que ir a una misión y tener las dudas de si volverá con vida. —Una de las razones por las que no quieres tener nada serio, es por tu trabajo, ¿no? Ian piensa y cuando va a contestar, llega María con la comida. La atacamos de inmediato y está buenísima, como siempre. Es la mejor comida que he probado en mi vida. Ian parece divertirse viéndome comer y escuchando los ruidos que suelto de aprobación. Esto sí que es el paraíso. —Está muy buena, tienes razón. —Te lo dije, es la mejor comida que probarás en tu vida. —Vendré a menudo. —dice dándome la razón. —¿Vas a contestar a mi pregunta? —Sí. Es por mi trabajo. —Pero.. Tu trabajo no es tan peligroso. Quiero decir.. ¿Sólo eres policía de esos que hacen guardias y van cuando hay peleas o algo parecido, no? —No. Ahora mismo, estoy sólo de guardias porque mi padre está en Argelia y no quiero darle más dolores de cabeza a mi madre. —Entonces.. ¿A qué te dedicas exactamente? —Soy el jefe de los GEO Españoles. —mi cara debe de ser un cuadro de Picasso como mínimo pero aun así continúa—. Nos ocupamos de las operaciones contraterrorismo, secuestros, crímenes organizados, abor.. —Vale vale, ya. —le corto—. Lo pillo, pero me da igual. —¿Que te da igual? —Ian me mira como si me hubiera salido otro ojo. —Sí, me da igual. Es un trabajo peligroso pero.. Al fin y al cabo eres un héroe. Deberías estar orgulloso. —Estoy orgulloso de ello, me gusta salvar vidas si eso significa acabar con la mía. Pienso en las personas que sufren porque su hermano o hijo ha muerto en un atentado.. —me tenso cuando recuerdo a mi hermano pequeño—. No quiero eso para mis hijos.. No quiero eso para mi mujer. —¿Pero sí para tus padres? Ellos también sufren. —Yo no he elegido tener padres, no he elegido nacer. —se encoge de hombros. Yo pongo los ojos en blanco. Eso es estúpido. —Pero si has elegido lo que haces, Ian. Simplemente te da miedo el compromiso, no le eches la culpa a tu trabajo. —No me da miedo el compromiso. —dice sin apenas respirar. —¡Por dios si poco más y te ahogas de lo rápido que lo has dicho! —me río—. Que mal se te da mentir. —Como a ti, morena. Después de la comida y de hablar de mil cosas, Ian propone ir al estadio Vicente Calderón, donde juega mi Atlético de Madrid. Cuando lo dice doy saltos y le besuqueo. ¡Olé mi Atlético! El estadio es una pasada y como trabajan unos amigos de Ian allí, nos permiten estar en el entrenamiento y conocer a algunos de los jugadores. ¡Ainssssss que guapo que es mi Torres! —¿Has visto a Torres? —le digo a Ian entusiasmada—. ¡Qué guapo es! ¡Cómo juega! Ay madre mía.. —Oye, ¿quieres que te saque de aquí? —niego la cabeza con una sonrisa—. Pues cállate morena, aquí el guapo soy yo. —Pero no te pongas mosca.. A ver, está claro que ellos son más guapos y están más buenos que tú, pero tú tienes algo especial. —Ian frunce el ceño y yo me parto de la risa. —¿Si? ¡Pues te vas a ir con ellos a ver Madrid! —la cara de mala leche fingida de Ian me encanta y le doy un beso que acepta gustoso. —No hay nadie más guapo que tú en este estadio, geo. —ahora él es el que sonríe y me da un beso. ¡Es más rico! Me lo comería, sin ketchup ni nada. Cuando salimos del estadio sigo flipando, hoy he conocido a casi todos los jugadores que veo cada fin de semana en la televisión junto con mis amigos. Cuando se lo cuente a Chuso, ¡va a flipar tanto o más que yo!. Le doy las gracias una y otra vez a Ian, que no para de repetirme que no es nada. Al llegar a la moto soy yo la que propone cenar algo en mi casa e Ian acepta aunque no se quiere quedar porque mañana trabajo. Me gustaría gruñir y patalear, pero no voy a dejar que piense que quiero algo más que sexo. —¡Hola Coquito! —saludo a mi perro cuando entramos en casa y cómo si me entendiera, sigo—. ¿Te has portado bien? ¿Quieres ir a la calle? En cuanto escucha la palabra "calle" sale disparado hacia su rincón, donde está la correa y la trae con la boca para después soltarla en mis pies. Ian me mira y después mira a Coco. Está flipando un poco y hago que flipe más cuando le digo.. —Coco, trae la pelota. El perro va y me trae su pequeña pelota de tenis ante la cara de Ian, que frunce el ceño intentando comprender cómo me entiende el animal. Después de sacar a Coco, nos ponemos a cenar las pizzas que había dejado en el horno programado mientras me cuenta algunas misiones que ha hecho en su trabajo y dónde ha viajado. Flipo al saber que estuvo en Alemania dos meses, ¡siempre he querido ir! ¡Me encanta Alemania, los alemanes y la cerveza! —Yo quiero ir a Alemania algún día.. Me encantan los alemanes y su cerveza. —¿Los alemanes? —pregunta tosiendo. Yo me río. —Si, efectivamente. —Yo soy mejor que cualquier alemán. —¿Ah si? —pregunto con una ceja levantada. —Si nena, no lo dudes. —consciente de lo que voy a hacer, me monto a horcajadas encima suya y le beso. —Sorpréndeme. —susurro. La ropa empieza a salir disparada y cuando no queda nada de ropa entre nosotros, introduzco su m*****o en mi interior. Jadeo por la falta de aire y él abre la boca para besarme, mi lengua se une a la suya y me hundo con su sabor. Envuelve mi espalda con sus brazos y me pega más a él, mientras me muevo lentamente y siento que cada vez está más dentro. Aumento el ritmo, lo que hace que él suelte un gruñido. Respiro contra sus labios y le beso mientras mantengo el ritmo implacable. Él sabe a pizza, a necesidad y a él mismo, ese sabor que tanto me gusta. Me devuelve el beso con un hambre que no he sentido en él antes. Meto la cara en su cuello, y le muerdo con fuerza. Ian tiembla. Bajo el ritmo para mover mis caderas en círculos y vuelve a contraerse. Levanto la cabeza para mirarle. Está con los ojos cerrados y la boca entreabierta mientras intenta coger aire. Cuando le muerdo el labio y me clavo fuerte en él, los dos explotamos a la vez. —Diossss.. —sisea—. Vas a matarme morena. —Ese es el objetivo. —respondo cogiendo aire. —Dios, Lucía... Eso fue... Inesperado. —suspira—. Nunca dejes de sorprenderme.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD