A Sofía no le hizo ninguna gracia. Odiaba a Valeria. —Oh, ¿en serio? Revisaré mi teléfono más tarde —respondió con falsedad. Enzo observó fijamente a Valeria y notó que su mano izquierda, que ella intentaba ocultar bajo la derecha, estaba hinchada. Le apartó suavemente la mano derecha y revisó la izquierda. Frunció el ceño, preocupado. —¿Cómo te hiciste esto, Valeria? Conocía muy bien a esa chica. Sabía que solía ocultar sus heridas y cicatrices, y que en el pasado lo había hecho muchas veces cuando eran pareja. Siempre se había sentido culpable por ello. Valeria apartó bruscamente la mano y lo miró con cautela. —No es asunto tuyo. —¡No seas grosera! —reprochó Sofía—. Enzo solo está intentando preocuparse por ti. Luego cambió de tema con rapidez, con los ojos fijos en Valeria. —V

