Tomó los dulces y colocó encima los baklavas. Esperó que no fuera a alguna de las mujeres que le habían hecho malas caras desde que llegó y observó a Arabelle con una inocente sonrisa. La Kralice levantó la mirada y tomando por sorpresa a todos, pronunció. —Entrégalos al terrateniente de Ankara. Mierda. Sibel sintió que las piernas le comenzaban a temblar. ¿Por qué de todos los hombres tenía que ser a él? Ruzgar observó a Arabelle y levantó las cejas sin poder ocultar sus ojos divertidos. Estaba comenzando a creer que tenía la mala costumbre de mandar corderos a las guaridas de lobos. Lo único malo es que su cordero resultó ser fiera. Sibel observó a su padre quien le indicó con la mirada que cumpliera. El silencio se apoderó de todos y la chica caminó lentamente hasta la mesa donde es

