MIDYAT, MARDIN, TURQUÍA. —Kralice, no tengo esas órdenes. —¿Vas a cuestionarme ahora Osman? —preguntó la mujer apretando la mandíbula cuando el hombre se atravesó en su camino. El guardaespaldas se quedó sin palabras y cuando notó sus ojos retadores, tragó saliva y decidió darle acceso no sin antes mencionar su punto de vista al respecto que estaba de más, porque Arabelle no pensaba hacerle caso. No podían imponerle órdenes y ella deseaba ver a Elif antes de que fuera sacada de Mardin y enviada a Bodrum. —Mi señora… —Muévete—pidió advirtiendo con su tono que sería la ultima vez que lo diría de esa forma tan amable. Las puertas que la resguardaban debían ser asfixiantes para ella y los hombres que permanecían afuera, se hicieron a un lado cuando Osman hizo un rápido gesto que invirtió

