-Triada…-susurró con voz cansada. Sus ojos estaban hundidos y tenía bolsas negras debajo de los mismos. Su cabello estaba mal recogido y sus labios algo cuarteados- Hija. -Mamá- puse con cuidado la mano sobre la suya. Tenía moretones en los antebrazos y el los doblés de los brazos, ella tenía un tubo delgado conectado a su mano y se veía algo hinchada- Lo siento mucho, mamita- dije de corazón. Ella respiró hondo y mi pecho se llenó de angustia,ahora era real. Estaba frente a mí y era yo quien tenía que velar por aquella mujer quien aunque sin demostrármelo con palabras y hechos, me crió y cuidó de mí. -¿Y qué es lo que sientes que te disculpas tanto, muchacha?- preguntó ella y la vi más suave que nunca. Mi madre pocas veces me hablaba sin unir las cejas. -Mamá, el… El haberme ido así-

