Miro a Eren y Grayson frente a mí, sus ojos llenos de preocupación, de una angustia palpable, fijos en mí, tratando de entender lo que está pasando. Todo parece girar a mi alrededor mientras mi mente se esfuerza por ordenar la confusión que siento. Un dolor agudo se retuerce dentro de mí, como si algo se estuviera desgarrando desde lo más profundo de mi ser. No puedo identificarlo, pero lo siento tan real, tan palpable, que casi me consume. Sin pensarlo, llevo mis manos a mi abdomen, buscando esa herida, esa marca invisible que no logro ver, pero que siento con una intensidad insoportable. Pero no hay nada. No hay rastro de la herida que mi mente ha creado, pero el dolor persiste, palpitante, como si me estuviera comiendo por dentro, arrasando todo a su paso. Un temblor ligero recorre mi

