-¿Entonces estás segura de que es hoy? -A las ocho, y ya tengo el lugar.- Aseguré. Desvié la mirada al reloj de pared de mi oficina. Eran las dos de la tarde. Teníamos seis horas para preparar todo, pues obviamente no iba a dejar pasar la oportunidad de un acercamiento con los narcotraficantes. Después de escuchar una larga reprimenda de mi jefe y Camilo, me llevaron a mi oficina para interrogarme sobre lo que había descubierto. -No debiste salir sola.- recriminó Camilo por milésima vez. -Ya lo entendí, lo has dicho demasiadas veces. -Y es por lo mismo que te acompañará esta noche.- Anunció Christopher. Bomba... -Sí, y no quiero que recrimines esta decisión.- Avaló mi compañero. Lo miré mal. La verdad sentía como si fuera una niña pequeña que necesitara un canguro las 24 horas del

