Capítulo 2

1347 Words
-Espero que no lleves mal lo de compartir tu despacho conmigo.- Dijo Camilo sacando sus cosas de una caja de cartón y ordenándolas en el nuevo escritorio. Dejé de teclear en el computador y lo miré. -Eres la primera mala noticia de un día miércoles por la mañana con resaca. No lo llevo mal.- Contesté con sarcasmo, para luego, volver a teclear los datos de un prófugo en la plataforma virtual nacional. -Ya... creo que no lo llevas bien.- Pero qué observador.- ¿Has vuelto a hablar con Susana? -No.- Dije tajante. Si recordaba a Susana, me recordaba a mí, ya era un hecho. -Era un buen colegio aquel. Oí que lo van a ampliar.- Dejó la caja en el suelo y se sentó. -No lo se. -¿Y hace cuánto trabajas aquí? Melany, tranquila. Respira, inhala, exhala, inhala, exhala. Aborten misión. -¿Quieres conversar?- Dejé todo lo que hacía y giré mi silla para poder mirar su rostro.- Eres un novato que se coló en mi oficina. Pero está bien, no te culpo. No obstante, eso no indica que este despacho no siga siendo mío. Y mi espacio es igual a mis reglas. Número uno...- Me levanté y miré su confundido rostro.- nada de música fuerte. Seré buena y te dejaré escoger qué música poner.- Caminé, quedando aún más cerca, separados sólo por la madera de su buró.- Regla número dos: ¿Ves esa máquina de cafés?- Señalé a mis espaldas. Camilo observó y asintió.- No te metas con ella. Es mía, y no te imaginas lo que cuesta conseguir que te dejen tenerla es este lugar.- Soltó una carcajada.- Y regla número tres: No intentes entablar conversación conmigo. No pierdas tu tiempo, sólo conseguirás negativas de mi parte. ¿Vale? -Vale. -Bien. -Perfecto. -Excelente. -Espléndido.- No le contesté más porque no quería caer en su jueguito infantil. Me giré sobre mis talones y volví a mi lugar. Al día siguiente, el silencio sepulcral de la oficina, era incómodo y sólo quería irme a mi casa a dormir. No pedía nada más. Dado un minuto, Camilo se levantó, tomó su basurero y lo dejó a unos metros de su asiento. Volvió a sentarse y sacó hojas, haciéndolas bolitas y lanzándolas al tacho. O al menos intentándolo. Prometo que no quería verlo, pero sus 'Rayos, no entró' me desconcentraban de mi tarea. Lo mismo pasaba con sus '¡Bien, le di!' Media hora después, el basurero estaba hasta arriba con bolitas de papel, lo mismo el piso alrededor de él. El ruido de él arrancando una hoja y arrugándola me cansó. -¿Puedes parar con eso? Llevas treinta minutos encestando en el basurero. Ya está, lo conseguiste. ¿Quieres un diploma de honor? Te lo daré, pero ya basta. -Justo cuando terminé de hablar, lanzó el papel al basurero, encestando. -¿Me vas a prohibir también esto? Lanzar mis bolitas de papel, sacadas de mi libreta y lanzarlas a mi basurero.- Remarcaba el 'mí'.- Yo creo que no. Nadie puede ser tan controladora. -Si no quieres que te controle tanto, entonces compórtate como alguien de tu edad. -¿Quiere que me comporte como alguien de 27 años, señorita Ruiz?- Asentí. ¿Tanto le había costado comprender?- En ese caso, le diré lo que pienso. No me interesan sus bobas normas y si las acepté antes, sólo fue para que la chica que me besó hace diez años, se quede callada un rato. - Yo me lo cargo.- Voy a escuchar la música que yo quiera, al nivel que yo quiera, tomaré café en donde yo quiera y entablaré conversación cuando y con quien yo quiera.- Nuevamente remarcó las palabras, ésta vez sus 'yo quiera' fueron los que se hicieron notar. Mi boca cayó abierta. -Soy tu jefa, no pue... -Lo siento Melany, no eres mi jefa. El único que aquí me da ordenes es Christopher. Los demás se pueden ir a la mierda y no me importa.- Sonrió de medio lado y en un tono menos brusco, agregó.- Y créeme que no me gustó que mi colega me recibiera así, y tampoco me gusta ser serio o tosco. Pero tampoco voy a dejar que me pisotee una rubia que está buena.- Se cortó de golpe, sabiendo que había hablado de más. Alcé una ceja, un tanto sorprendida.- Lo que quiero decir es que deberíamos intentar llevarnos bien, ser amigos. Trabajaremos juntos, literalmente. Nunca... jamás me habían hablado así. Puse las palmas de mi mano en su escritorio. Me incliné un poco hacia adelante. -Escúchame, Camilo. Eres nuevo y no me agradan las personas que invaden mi espacio. Considero que no necesito un guardaespaldas, es casi una ofensa para mi, pero como tu bien dices, Christopher es quien manda, y si él dice que eres necesario, es por algo.- Miré directamente sus oscuros ojos. Tan oscuros que no podía ver la diferencia entre su iris y su pupila. -¿Esta es la parte en la que me das el beso? -Fue hace más de cinco años.- Comenté con el ceño fruncido. -Diez, si quieres ser específica.- Claro que sabía que eran diez, pero no iba a demostrar que lo recordaba. Como siempre: No iba a demostrar algo. Demostrar es dar a conocer tus debilidades. -Esto no lleva a nada. Mantente alejado de mi espacio y todo irá bien. Eso incluye la máquina de cafés.- Le recordé. -De hecho, parece que eres tú la que se acerca a mi espacio.- Contestó con una media sonrisa. Con sus manos me señaló. Era yo quien estaba en su escritorio, no era al revés. Mierda tenía razón. Me enderecé, mirándolo desde la altura que me permitían mis zapatos, y como no se me vino nada a la cabeza para contestar, solté la primera palabra que usaba cuando alguien me molestaba. -Capullo.- Di media vuelta y me senté en mi escritorio, no sin antes ver su sonrisa ampliarse. El resto del día, como era de esperar, estuve enfurruñada en mi asiento. A ver, no es que fuera una cascarrabias las 24 horas del día, pero el ingreso de Camilo al equipo fue algo inesperado. Además... llevaba años trabajando sola en este rubro, había visto de todo, c*******s en descomposición, maniáticos armados... había lidiado con eso y más, por lo mismo, había creado algo parecido a una barrera, lo que consiguió que que prácticamente nada me afectara, y no era por ser egocéntrica, pero nunca había necesitado un maldito guardaespaldas, y no lo iba a necesitar ahora. Era una ofensa para mi expediente. Era viernes y faltaban quince minutos para salir. El fin de semana se acercaba, lo que significa horas pensando en una respuesta a la solicitud de Christopher, aunque era obvio que ya estaba medianamente orientada hacia una opción, pero era porque no había balanceado los pro y los contra de trabajar en esto. Di golpecitos con el lápiz sobre la mesa e inconscientemente apreté la uña pulgar de mi mano con mis dientes. ¿Qué haría? -¿Estresada?- Camilo me sacó de mis pensamientos. -Mh....- Contesté sin dejar de morder mi uña. -Creo que ya terminé por hoy.- Dijo ordenando un archivador.- Pasaré a avisarle a Christopher que me marcho ya.- Cogió su chaqueta y se dirigió a la puerta, cuando casi desapareció por ella, volvió a la oficina con sus ojos puestos en mi. O al menos eso creía, ya que yo no había apartado la mirada del ordenador.- Y Melany...- Ahora si, lo observé.- Piensa bien lo del operativo, ¿Sí? Ojalá que des con la respuesta correcta.-Impresionada por sus palabras, asentí despacio.- Que tengas un buen fin de semana.- Alcé una ceja cuando se marchó. ¿Y éste qué? Sacudí la cabeza, apagué el ordenador, tomé mis cosas y fui donde Christopher, quien estaba solo en su despacho, por lo que supuse, Camilo ya se había ido. -Me voy ya.- Hablé llamando su atención. -Melany, sí, está bien, puedes irte. Pero antes... me preguntaba si mañana por la noche tienes planes.- A paso lento, se acercó a mi, hasta quedar con pocos centímetros de distancia. -¿Qué tienes pensado?- Su sonrisa lobuna y pecaminosa respondió por él. Me puse en puntillas y junté nuestros labios en un intenso beso , aunque no lo suficiente como para robar mi respiración o acelerar mi pulso.- Recógeme sobre las ocho.- Me aparté, le cerré un ojo y salí del lugar para dirigirme a mi precioso Mercedes. Mis pensamientos sobre el operativo tendrían que esperar hasta el Domingo.
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