La sugerencia de Israel le quedó resonando. Luego de que él abandonó su oficina para dejarla descansar por espacio de una hora que él mismo le sugirió, en su mente le dio vueltas una y otra vez a la posibilidad de encontrar dentro de la casa de sus padres quien pudiera arriesgarse a ayudarle en tan compleja misión. Ni ella misma sabe dónde sus padres guardan los documentos importantes.
Ha vivido una vida tan vacía, tan llena de apatía de su suerte que nunca se preocupó por los detalles del día a día que pudieran repercutir en su vida. Hasta unos años atrás creyó en las palabras de Loreta y su padre cuando apenas ella recién había cumplido diecisiete años, ellos la llamaron al despacho de su padre y la sentaron frente a su padre y al lado de Loreta.
Inicio del Flash back
—Hola hija —la saludó su padre después que Loreta le señaló una de las sillas dispuestas frente al enorme escritorio de caoba finamente tallada y pulida. Como toda la decoración del espacio.
Los O’Brien se caracterizan por eso, el derroche de lujos, y por qué no reconocerlo, buen gusto, es algo que no pasa desapercibido para ellos.
Dudosa por no saber la razón por la que la llevaron al despacho, lugar que para ella, sin que se lo dijeran expresamente, era prohibido, ella no frecuentaba a menos que fuera apercibida por su padre. Que estuviera Loreta allí haciéndole compañía a ambos era de extrañarle a Anna, porque en realidad la relación que ellas venían llevando no era la más fraternal que debe existir entre hermanas venidas de un mismo padre y madre; al contrario, entre ellas desde niñas hubo una especie de competencia que Anna solamente después de cumpl0ti quince años fue que logró darse cuenta de que había algo raro en la forma en la que Loreta la trataba. Dicha situación se hizo más aguda cuando sus abuelos fallecieron en un accidente de tránsito y a los pocos meses fue abierto el testamento y se develó el misterio que giraba en torno a los O’Brien, especialmente su padre y Loreta, porque de todos la única que sabía que no estaría incluida en la sucesión era su madre.
La sorpresa de todos fue que ambos patriarcas de los O’Brien le habían dejado todos sus bienes a Anna, y no fue que estuvieran violando los derechos de suceder que tenían Loreta y su padre, no; sino porque la lectura del testamento se limitó a notificarles que no habían bienes que suceder pues todos le pertenecían a Anna desde hacía tres años atrás, toda vez que ellos mediante una figura jurídica le cedieron a ella todos los derechos de absolutamente todas las propiedades que ellos tenían.
Este hecho desencadenó un odio tremendo en Loreta hacia ella, lo que no sucedió igual con su padre quien pese a que no tomó de buena manera esa noticia, porque sintió odio hacía sus padres, lo disimuló muy bien. Por su edad era más hábil que Loreta. Como Anna aún era menor de edad pensó en seguida. Para él la ambición no estaba muerta, era más optimista, no se dejaba llevar por las emociones, y menos por el negativismo de hacer efectivo su sueño de ser el único dueño y poseedor de semejante fortuna, ello porque mientras Anna estuviera bajo su mandato y responsabilidad, él podía conservar la esperanza de hacerse dueño de todo lo que por ley natural le correspondía.
—¿Qué… qué hago aquí? —preguntó Anna mirándolos con desconfianza al no entender porqué la habían llevado allí, y más Loreta quien siempre había demostrado despreciarla.
Anna fue consciente de la mirada que Loreta le dirigió a su padre, pero en ese momento no le dio mucha importancia, no tenía inoculado el gen de la malicia en su sistema como si bien estaba acentuado tanto en su padre como en Loreta. Su inocencia era tal que creyó que solo buscaba autorización de su padre para hablar ella, a los que ambas recibieron señal inmediata, su padre levantó la mano para darles a entender que él llevaría el control de la conversación que más que todo se convirtió en una cadena de órdenes que debían ser cumplidas, pero solamente por Anna, quien en realidad tenía todo el peso en esa extraña y pequeña reunión.
—Mi amor… ésto será breve. —Hipócritamente respondió adoptando un tono de voz dulce, más empalagoso del que usaba habitualmente con ella—. Loreta, hermosa, deja que yo hable con tu hermana, esto no te concierne.
Esta respuesta no tuvo efecto positivo en Loreta porque su reacción inmediata fue fruncir los labios, el ceño y cruzarse de brazos en un enojo evidente. La típica reacción de una verdadera nueva adulta caprichosa.
—Pequeña —el hombre continuó ignorando la reacción de Loreta—, el abogado nos acaba de informar que como vas a cumplir la mayoría de edad el próximo mes, es necesario comenzar a movilizar algunos trámites para que puedas comenzar a disfrutar de la herencia que te dejaron mis padres, me dijo que como es un trámite bastante complejo, deben comenzar a mover algunos otros en organismos que exigen previsión. Como deseas irte a estudiar, es mejor que hagas esto antes de irte para que no tengas que devolverte por éstos trámites fastidiosos.
Y así se extendió en explicaciones que hasta que cumplió veinte años, estando en el dormitorio del campus de la universidad, que compartía con quien en ese entonces era su compañera de habitación e insistía en ser su amiga, pero ella en su personalidad retraída se negaba a darle paso a nadie, fue que se hizo consciente de su realidad.
Acostada, intentando leer un libro para hacer un resumen para la clase del día siguiente, Anna, sin querer escuchó una conversación de Lashie Cowell, una pelirroja desinhibida, voluptuosa, de ojos azules y que no le importaba que Anna escuchara sus conversaciones atrevidas. En ese momento Anna la escuchó planificar una forma de sacarle dinero a su madre para irse a un crucero en las siguientes vacaciones de verano. Y no era que les pidiera costearle los gastos del viaje, sino que su pretensión era falsificar su firma para pagar el viaje de ella, su novio del momento y otra pareja de amigos también compañeros de la universidad. Lashie, al igual que Anna tenían mucho dinero pero no podían disponer a sus anchas del mismo porque tenían una restricción, o eso creyó Anna hasta que después de escuchar la malicia con la que actuaba su compañera de habitación, le bastó para hacerse consciente del piso donde se había movido.
—Ella cree que no sé nada —le escuchó decir a Lashie a Brian su novio—. Yo sé que me está arrebatando poco a poco lo que me dejó papá, pero no se las voy a poner fácil, ya desperté y voy a cobrarme lo que me ha quitado por años. Me hizo firmar unas escrituras que no hicieron sino robarme parte de la herencia.
Esta afirmación llevó a una Anna distraída a otra Anna que de golpe se ubicó en la realidad. A partir de ese momento las palabras de Lassie le generó duda de lo que habían hecho su padre y Loretta con ella tres años atrás. Eso la motivó a indagar por su cuenta hasta que terminó por saber la verdad. De a poco, su padre y Loreta le fueron quitando uno a uno los bienes que le habían heredado.
El último de los bienes que vio perdido en manos de ella, fue hace año y medio atrás, cuando estaba por cumplir dieciocho años, Loreta se apareció de la nada, sin avisarle en la Universidad.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó Anna al verla en la entrada del salón donde acababa de tener una clase de estadísticas, justo cuando Anna salió con un dolor de cabeza abismal por lo complejas de las operaciones que acaba de explicar el profesor.
Mientras la vida de Anna giraba en torno a aprobar los siguientes parciales para pasar al siguiente semestre en su carrera de arquitectura, en cambio la vida de Loreta se resumía a gastar dinero, aparentar belleza, que no negaba que la tenía, además de derrochar lujos y prepotencia, porque si algo tenía es que por lo caprichosa que siempre fue, se llenó de una prepotencia que muchos veían, pero pocos se atrevían hacerle ver, Anna era una de ellas, prefería callar para no buscarse problemas. Los evitaba.
—Mi papi necesita que firmes unos documentos urgentes —le dijo Loretta así sin más y sin disimulo sacó una carpeta de cuero finamente diseñada—. Es para reforzar los otros documentos que ya firmaste —agregó al verla dudar.
Anna como no veía malicia en nada de eso, accedió y se fue con ella hasta la cafetería de la facultad y ahí sin detenerse a leer el contenido del documento, le entregó a Loreta lo poco que le quedaba de su futuro.
—No te preocupes, papi sabe lo que hace, él no quiere sino asegurar nuestro futuro Anna, dedicate a estudiar, ya verás como te ayudará más adelante haber tomado esta decisión, tener algo con que defenderse es la mejor decisión que una persona puede tomar —adujo Loreta dándole consejos que no aplicaba porque en su vida se había preocupado sino por lograr culminar la secundaria y de ahí más nunca volvió a retomar el tema de los estudios.
En el transcurso de los años que pasaron, después de haberse residido de arquitecto, Anna no tuvo más opción que volver a la casa de sus padres, donde fue realmente consciente de la traición tan grande que había recibido de parte de su familia.
—Papi, ¿Puedo hablar contigo? —preguntó al ingresar al despacho de su padre una tarde después de dos meses de haberse celebrado el acto de su graduación donde se residió con honores por ser la mejor estudiante en su corte.
—¡Ah, eres tú! —adujo con apatía al levantar la mirada y verla—. Sí, pasa, dime —agregó sin molestarse en volver a mirarla.
Después de su regreso ella había notado que el trato hacia ella no era el mismo; sin embargo, llegó a pensar que eran ideas suyas. Solo hasta ese instante fue consciente de su cruda realidad.
—Papi, estaba pensando que usted podría ayudarme a montar un estudio, quiero crear una firma de arquitectura, y como tengo el dinero no creo que tenga más inconveniente que el trámite judicial y administrativo ¿Me ayudas en eso?
Solo así fue que su padre levantó la mirada de la lectura del documento que tenía ante sus ojos. Como si le hubieran dado la peor de las noticias el hombre la miró con una expresión de enojo inexplicable para una Anna desconocedora, hasta ese momento, de su cruenta realidad.
—Eso no va a ser posible —le respondió su padre, luego de suspirar y, literalmente, tragarse las palabras que en realidad deseaba dejar escapar.
Curiosa, por no entenderle, tomó asiento y lo miró fijamente.
—Pero, puedes hablar con el abogado —resolvió inocente—, si tu no puedes, él sí, a fin de cuentas él lleva todo de la familia. Dame su número, yo lo llamo —pidió en tranquilidad.
—No, no puedes —volvió a levantar la mirada y esa vez fue con actitud defensiva—. Yo no autorizo semejante locura —expresó en un tono de voz tajante y evidentemente despectivo.
Allí, las alarmas de la desconfianza se asentaron en Anna quien ya había visto cosas raras que la habían llevado a conclusiones que creía imposibles, pero que sumaban a la larga lista de evidencias que le había dado la vida y que ella prefirió ignorar.
—No es una locura, papi. Es mi sueño, ya logré obtener el título, puedo hacerlo realidad, tengo el dinero que me dejaron mis abuelos, puedo hacerlo, no tengo que pedir permiso, ¿recuerdas que soy mayor de edad? Me dijiste que solo después de graduarme podría disponer de mis bienes, pues ya tengo todo —afirmó confiada.
—Pues no —respondió enérgico y se levantó del sillón—. No voy a autorizar esa idiotez, seguro estoy que no durarás en ningún proyecto, e incluso no quiero ver mi apellido envuelto en ninguna irregularidad cuando una de tus obras salga mal. No es no, Anna, dedícate a hacer cursos, o qué sé yo. Haz lo mismo que tu hermana, anda a un spa, al estilista, a hacer compras, anda a hacer las cosas que hace cualquier mujer de tu edad, sigue el ejemplo de Loreta —le respondió tajante.
—Pero papi, yo no quiero nada de eso —adujo negada a ser tan básica como su hermana.
—Ya te dije, no lo voy a autorizar y sin mi autorización nada podrás hacer —respondió dando por terminada la conversación, le señaló la puerta—. Déjame solo.
—Me buscaré a otro abogado —le dijo a viva voz.
Se sentía ofendida y herida. Pensaba que se había ganado la confianza de su padre por el hecho de haberse graduado en una de las mejores universidades y con honores.
—No vas a hacer nada. —Demostró enfado. Como si le hubieran nombrado al demonio, su padre no solo se incorporó de golpe de su sillón, el cual había retomado segundos atrás sino que también se movió con agilidad para llegar a ella y tomarla por el brazo con una brusquedad que la lastimó al apretarlo con toda intención de demostrarle su autoridad—. No vas a hacer nada porque primero yo no lo autorizo, eres una inútil, segundo no tienes dinero con que hacer nada, ¿Dime cómo vas a pagar los servicios del abogado y todo el trámite de ese estudio?
Anna no podía disimular el dolor que le producía la forma en la que su padre la sostenía del brazo. En su mirada vio mucha ira y eso le asustó. Nunca antes la había lastimado, no físicamente.
—El dinero y las propiedades que me dejaron mis abuelos —le respondió con voz quebrada por el dolor propio del maltrato físico.
—No tienes ni un céntimo picado por la mitad —confesó su padre juntando las cejas en un gesto demoníaco, así lo percibió ella al saber cuál era su presente—. Tuve que tomar cartas en ese asunto, en tus manos todas esas propiedades hubieran desaparecido hace rato.
—Pero… pero… sin son… son mías… mis… mis abuelos me las heredaron —afirmó sin entender nada.
Allí sintió la presión de su brazo en un tono más doloroso.
—Aaay, duele, papi —respondió quejumbrosa y con lágrimas en los ojos—. Tú me dijiste que solo hasta los veintiún años y graduada yo podría…
La expresión del rostro de su padre fue indescriptible, inigualable a ninguna que le hubiera visto en el pasado.
—De verdad que tu hermana Loreta tiene razón, eres más estúpida de lo que ella dice —adujo mirándola con tristeza, pero maliciosa—. Yo esperaba de tí algo más de inteligencia, eres tan tonta que no previste que no había nada que hacer, ya todos eso bienes eran tuyos, solo tenías que disponer de ellos al llegar la mayoría de edad, fue tan fácil volver todo a su lugar que ni cuenta te diste.
Un dolor agudo se asentó en su pecho y en su estómago, la decepción. No lo podía creer.
—Pero… si… si… tú eres mi padre, ¿cómo puedes hacerme mal?
—Por eso lo hice, para no hacerte más mal del que te hicieron mis padres con semejante decisión tan estúpida, ¿Quién va a dejar semejante fortuna en una mujer tan idiota como tu? No tuvimos que hacer mucho esfuerzo para quitarte todo.
Fin del Flashback
Ese descubrimiento marcó el antes y el después en la vida de Anna. No ha podido ser feliz desde entonces. Pasó meses sumida en una depresión tremenda, y ni hablar los maltratos constantes de LOreta al restregarle en la cara lo fácil que fue para ella quitarle una buena parte de esa fortuna, sin contar con la que su padre le cedió por ser la hija predilecta, es decir, Loretta era tan macabra como él, tan desinteresada del destino de quien lleva su propia sangre.
Sentada en el escritorio del que ahora es su estudio, pues Israel en su corazón tan noble sin ella aportar ni un céntimo la hizo socia y propietaria de una parte de ese inmueble, se siente con mucho odio hacia su familia. Que ella buscara los medios de hacerles pagar por toda la humillación y el maltrato recibido por años no era nada en comparación con todo el sufrimiento que en silencio había tenido que soportar antes de que él, Israel, como un ángel llegara a su vida, parecía insignificante.
Se tomó un sorbo del agua contenida en el vado que tenía en su mano y comenzó a considerar a dos personas dentro de la casa de los O’Brien que pudieran ayudarla.
Sabía que el simple hecho de hacerles la propuesta era un riesgo tremendo, porque desconocía que tan leales eran todos los empleados a su padre. De modo que previendo que podría ponerse en evidencia, decidió aceptar la propuesta de Israel, debía encontrar la manera de llegar a su padre. Para Loreta tenía otro jueguito, uno adicional y que comenzaría a debilitarla como veneno inoculado en la sangre con efectos tardíos, pero letales.
Sabía que debía remediar la acción de la noche anterior con Graham porque entre sus planes estaba poner cierta evidencia la infidelidad de él a Loreta y enfermarle psíquicamente al punto desestabilizar la perfecta vida que pretende demostrar.
—Ya te sientes mejor, amor —advirtió Israel al verla entrar a su oficina.
—Sí, amor —respondió y cerró la puerta colocando el seguro.
Aunque no tenía intenciones de ir más allá de un beso, que estaba necesitando, quiso asegurarse de que nadie los sorprendería.
Caminó hasta el escritorio y lo bordeó, de modo que Israel giró la silla para quedar de frente a ella y la invitó a sentarse en sus piernas, ella accedió sin mayor problema.
—Decidí hacer lo que me sugeriste —le informó acunándose en los brazos brazos de Israel como si fuera una niña—. Voy a buscar a alguien dentro de esa casa que me ayude a acabar con ellos y recuperar lo que me pertenece.
Sin mucho problema Israel no solo la recibió en sus brazos sino que se deleitó al ver que en ese momento donde percibió su estado de ánimo bajo, lo buscara como su refugio. Adoró ese momento y de manera un tanto enfermiza se excitó de solo tenerla ahí dispuesta para él y en total indefensión.