Se glorificó a sí misma por aparentar que todo estaba bien, que no le dolía ver a su hermana radiante y sonriendo feliz al lado de su novio. Y no, no era como si sintiese envidia ni nada, era solo ese tipo de dolor que a veces las personas sienten cuando ven a alguien alcanzar la felicidad. Algo similar a la nostalgia, por decirlo de alguna manera. En realidad, era más que eso. Eran demasiadas emociones juntas que se aglomeraron en su pecho mientras veía a Pía y Gabriel tomados de la mano y caminar hacia un futuro incierto, pero con la esperanza a flor de piel de que todo estaría bien. Pese al dolor de verla partir, se comportó de manera centrada y adulta. Abrazó fuertemente a su hermana, murmurándole varios consejos y recordándole que de vez en cuando la llamase por teléfono. Y, entonce

