Actualmente
Me he negado en contestar sus llamadas, me es increíble que me siga buscando cuando ya tiene una familia en su vida, un esposo que la se nota que la ama mucho y tres hijos que la ven como un ejemplo a seguir.
Si, sé que yo tuve la culpa, esos encuentros que tuvimos solo me dieron placer, pero la verdad, me hizo entender que ya no sentía nada por ella, esos besos inocentes que tuvimos de adolescentes no estaban más, y ahora solo era avaricia y dejar las ganas a un lado.
Su cuerpo cambio, para tener tres hijos tiene un perfecto pecho y un fabuloso y delicioso trasero, esas noches en las que nos dejamos llevar por la lujuria, me di cuenta del daño que me hacía, así que decidí dejar de buscarla y de enviarle regalos.
Se obsesiono conmigo más de lo debido, han sido 6 meses desde que no la veo, la evito a toda costa.
—Señorita Newman, alguien la busca. —interrumpe Helena con su angelical voz.
—¿Quién es? —me pongo en alerta, espero que Dalia no haya tenido la grandiosa idea de venir a verme.
—Es el señor Newman, pide hablar de urgencia con usted.
—Que pase. —doy un profundo respiro de alivio y a la vez de coraje, sé a qué viene a buscarme.
—¡Hija! —estira sus brazos para recibir un abrazo.
—Padre. —me acerco a él.
—¿y Susan? Ya no trabaja contigo.
—Tuvo un accidente en la bodega con unas cajas y bueno Helena me está ayudando.
—Es muy preciosa, tiene unos ojos color azabache hipnotizantes. —guiña un ojo.
Que si no lo sé.
—Dime padre, ¿a que debo el honor de tu visita? —o deshonor. Pienso.
—Bueno, vengo a felicitarte por la nominación a la mujer poderosa del año.
—Oh, claro, lo había olvidado.
—Si, mis contactos me lo comentaron hace unos días y estoy seguro de que ganaras.
—Bueno esta competencia está reñida, se nominaron a grandes hombres también.
—Ten fe, si lo ganas será un reconocimiento mundial y a la empresa le beneficiará.
—Lo sé. —sonrió.
—También. —Y aquí vamos con lo mismo de siempre. —Necesito un favor hija —algo que es costumbre de oír.
—¿De cuánto estamos hablando?
—Son 700 mil dólares, si no doy ese dinero pierdo la única casa que me queda.
—Padre. —trato de contener la calma —desde que tiraste la toalla con la empresa te he prestado más de 6 millones de dólares, ya no puedo seguir pagando con mi dinero.
—Vamos hija, hazlo por mí y tu futuro hermano.
—¿Hermano? —pregunto confundida —Padre hace meses dejaste a la lagartona interesada.
—Bueno, regreso por que espera un hijo mío.
—De verdad, ¿Cuántos meses de embarazo tiene?
—5 meses hija acaso ¿eso importa?
—Padre, hace más de 9 meses que no la vez, ¿Qué no estaba en Corea?
—Bueno, hija no seas cruel, esa noticia me tiene emocionado.
—Mira —tomo asiento —solo puedo ofrecerte 500 mil, los 200 mil, te los paso después.
—Eres la mejor terroncito. —aprieta ambas mejillas de mi cara.
Si tan solo me hubieras apoyado en el pasado, nada de esto estuviera pasando. Pienso mientras le miro su arrugada cara, para tener 58 parece mayor.
—Bueno padre, espero te sirvan. —entrego un maletín.
—Claro que sí. —sus ojos se iluminan por completo.
Nos despedimos dejándolo en la entrada del elevador, no quiero que quiera regresar por más dinero, la verdad, soy mala, tengo millones por prestarle, pero no puedo seguir manteniendo su vida junto a la tipa con la que está.
De regreso a mi oficina veo a Helena con la mirada perdida en la computadora.
—¿Buscas algo en especial? —pregunto mientras me acerco al escritorio.
—No encuentro la lista de la que me hablo.
Respiro profundo, me he puesto nerviosa desde que nuestras miradas se cruzaron.
—¿Me permites? —ella se levanta del asiento da un paso atrás, yo me siento en su lugar y se acerca por detrás de mí para mirar la computadora, eso, me ha puesto más nerviosa.
Me pongo a revisar la carpeta que Susan tiene a mi nombre, sé que ella es demasiado organizada por lo que deduzco que tiene una carpeta con las notas donde le he dicho todo lo que me gusta y no tanto en lo personal como en lo laboral.
—Helena ¿tienes celular propio? —pregunto mientras imprimo los archivos que se le servirán a ella.
—No, pero en el curriculum puse el de la casa donde me estoy quedando.
—Puedo preguntar ¿con quién vives?
—Con una amiga, después de dejar la universidad y darme por vencida, ella me abrió las puertas de su casa.
—¿Por qué dijiste que la blusa que tienes puesta no es tuya?
—No tengo nada mío —en ese momento volteo a verla, sus ojos azabache se están poniendo rojos.
—Disculpa que sea tan imprudente con esto, lo siento, no volveré a preguntar nada.
—Está bien, no debe de preocuparse, en la entrevista solo quise ser profesional, sin hablar de mi vida personal.
—Bueno, en 15 minutos saldremos, así que te preparas —le entrego las hojas de la impresora y regreso a mi oficina.
Reviso mis correos, y estoy sin pendientes al día.
Mi idea con Helena es ir a comprarle un teléfono, es un requisito indispensable para trabajar conmigo.
—Lista. —digo cuando cruzo la puerta a su escritorio, a decir verdad, espere a que tuviera mi saco y bolsa lista, pero olvide que hoy es su primer día y Susan no le pudo enseñar nada.
Salimos del ascensor hasta el estacionamiento, saco mis llaves del bolso y aprieto el botón para quitar el seguro de las puertas de mi bebé.
—¿Es de usted? —pregunta con sus ojos llenos de brillo.
—Si —contesto orgullosa.
Abro la puerta del copiloto para que ella entre, después conducimos hasta una tienda de iPhone.
Claro, que yo tengo el más nuevo por lo que quiero que ella también.
Entramos a la tienda, ella detrás de mi camina viendo cada uno de los teléfonos.
—Disculpe —me dirijo a quien parece un vendedor.
—¿Cómo le puedo ayudar? —sonríe amable.
—Necesito un celular que se adapta a una asistente que lleva la agenda personal y laboral de una persona.
—Por este lado. —indica mientras ambas caminamos detrás de él.
Llegamos a unos modelos recientes y unos no tanto, nos explica también cuales se adaptan mejor con agenda y otras cosas para organizar los tiempos y sincronización entre uno y otro.
—¿Cuál crees que se adapte mejor a ti? —me dirijo a Helena.
—Un celular que sea, creo todos podría dominarlos.
—Bueno —reviso una vez más —dame este.
Escojo uno que es un año menor que el mío, sé que suena egoísta pero primero quiero saber si durara en la empresa o no.
—Ahora dime —después de pagar el celular afuera la freno antes de irnos —¿tienes más ropa que no es de tu talla por usar?
Ella asiente con sus mejillas coloradas.
Después de Dalia, debo confesar que no tuve una relación formal con nadie, pero algo en Helena me hace querer ayudarla, no sé si sea su sencillez, su carisma o su hermoso cuerpo que me está haciendo perder la razón.
—¡Vamos! —he tomado la repentina decisión de regalarle un guardarropa.
Vamos al centro comercial, y entre el camino he tenido una idea, pero no sé si usarla por un momento sea buena idea.
Entramos a Gucci, lugar donde sé que esta alguien que se emocionara de verme, pero igual se desilusionara con quien me vea llegar.
—Helena —rodeo mi mano por sus menudos hombros —por favor, sin decir no, necesito que escojas un cambio de ropa profesional para cada día de la semana.
—No.
—He dicho que, sin decir no, así que aprisa. —interrumpo.
—Puedo ayudar en algo —esa voz detrás de mí me hace girar lentamente a ella.
—Si —sus ojos brillan de emoción al verme —necesito conjuntos de ropa para oficina.
—Si es para usted será un gusto ayudarle.
—De hecho —justo en el momento Helena se acerca a nosotras —Sera para ella. —rodeo mis manos una vez más por su menudo y hermoso cuerpo.
Dalia la mira de pies a cabeza como si fuera un bicho raro —por este lado —camina delante de nosotras y vamos detrás de ella. —aquí está la ropa más chica que tenemos.
—Gracias —Helena va a los percheros y estantes a revisar que le puede quedar bien.
—¿Podemos hablar? —se me pone enfrente Dalia.
—No tenemos nada de qué hablar. —contesto sin dejar de ver a Helena.
—¿Iras al Grand Suflé de California?
—No, y si no he contestado tus llamadas o recados es porque ya no quiero saber nada de ti.
—Solo ve esta noche, te lo pido, prometo después dejarte libre. —sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas.
—Sera la última vez que nos veamos. —susurro y me separo de ella para acercarme con Helena.
Ayudo a Helena a elegir conjuntos que combinen, después la llevo al área de zapatos y bolsos para que pueda lucir muy elegante.
—Va a ser mucho dinero. —comenta mientras esperamos en la caja para pagar.
—Serán 82 mil dólares, en efectivo o tarjeta.
—Tarjeta. —le entrego mi tarjeta diamante.
Tomamos las bolsas y antes de salir de tienda Dalia está en la salida.
—Gracias por su compra, fue un verdadero placer tenerlas por aquí.
—Gracias. —la bella e inocente Helena contesta.
Caminamos hasta el estacionamiento, ponemos las cosas en el maletero y regresamos a la oficina para continuar con la rutina.
Helena me ayuda con unos reportes mientras estoy en conferencia, el chico de sistemas le ayuda a programar su celular y a sincronizar la agenda con mi teléfono.
Dando las 7:00 de la noche recuerdo mi cita.
—Helena, mañana continuamos.
Tomo mis cosas y salimos de la oficina.
—Deje mis cosas en su maletero.
—Te llevo a tu casa, no podrás con todo en el camión.
Sigo las indicaciones para llegar, y me sorprende que quede sobre la avenida que da a mi casa.
Llegamos a los edificios, salgo y le entrego sus cosas.
—No tengo como agradecerle.
—Solo sigue como hoy en tu primer día. —guiño un ojo y tomo camino a mi casa para arreglarme.
Mensaje de texto
Estoy ansiosa por verte, por favor no llegues tardes.
Atte. Conejita.
Espero no arrepentirme de ir a verte. Pienso.