Capítulo 3.

2150 Words
A la mañana siguiente amanezco con un poco de resaca, aunque el evento fue demasiado aburrido tome más de la cuenta, algo que normalmente no debo hacer entre semana. —Niña Newman. —escucho la voz de mi ángel guardián. —Carmela. —me levanto para abrazarla —Al fin regresaste. —Si niña, ya estoy con usted. —me entrega una taza de té de manzanilla con un toque de canela. —Te extrañe mucho, fueron los 3 meses más amargos de mis días.   Bueno les comento que Carmela es una persona que se robó mi corazón desde que la vi vendiendo dulces en uno de los cruceros de California, su mirada inocente me despertó lo más profundo de mi ser, cuando le ofrecí trabajo conmigo acepto encanta, ella me cuida, me ayuda en mis asuntos personales de la casa, solo de aquí, pero también tengo un confidente en ella, y como recompensa le pago muy bien, incluso le di un año de sueldo para que se fuera a Colombia con su familia por 3 meses.   —Yo te extrañe más mi niña, pero dime, ¿cómo van los preparativos de la boda de su hermana? —pregunta mientras se sienta aun lado de mi en la cama. —La verdad es muy fastidioso, pero a fin de cuentas debo confesarte que todo va marchando a la perfección. —Entonces ¿si será en el viñedo del sur? —pregunta una vez más. —Estoy haciendo lo posible por que sea posible para ella. —Espero pronto estar ayudándola con los preparativos de su boda. —Carmela, sabes que anhelo lo mismo, pero aún no ha llegado esa persona. Volteo a mi mesita de noche, el reloj marca las 8:15 a.m. —Dios, ya es tarde para empezar mi mañana. —Su ropa esta lista, la he dejado colgada en el closet, su tina de baño esta lista a temperatura ambiente y el desayuno se está cocinando. —Gracias. —la abrazo y le doy un beso en la frente. Doy unos sorbos a mi te de manzanilla para irme directo a darme un baño relajante. —La espero en el comedor. –escuchó la voz de Carmela mientras sale de mi habitación. Me relajo unos momentos, solo pienso en que este día será diferente, bueno eso creo, ya que teniendo a una persona más en mi oficina me haré perder la cabeza si no se adapta a mis espacios y tiempos. Me levanto de la tina, me pongo mi tolla de baño encima y camino hasta mi closet, esta vez Carmela escogió un pantalón blanco a la cintura con un corte acampanado al final, una blusa azul turquesa de seda, reviso mi cajón de ropa interior y escojo una tanga blanca con un brasier blanco que tiene un poco de encaje en las copas, finalizo mi outfit con unas zapatillas beige en degrade blanco a las puntas. Seco mi cabello con una secadora y al final lo dejo suelto, solo acomodo unos pasadores de diamantes al lado derecho sosteniendo un poco de cabello. Tomo mi saco Gucci color beige y mi bolsa Prada blanca. Cuando bajo las escaleras puedo percibir el delicioso aroma de unos wafles con mantequilla y mermelada, el olor me lleva directo a la cocina. —Carmela. —sonrió recargando mis manos en la barra desayunador. —Niña, ya le llevo el desayuno al comedor. —No, esta vez quiero desayunar aquí. Sirve un plato con dos wafles, arriba tienen mantequilla derritiéndose, me arrima la mermelada de frutos y un café expreso. —Eres la mejor. —digo mientras corto un trozo y lo introduzco a mi boca. Mi paladar brinca de emoción con tan delicioso desayuno que le estoy dando esta mañana. —El sábado iremos a la prueba del vestido de Anne, cuando salga de la oficina paso por ti. —Claro mi niña. Termino mi delicioso desayuno con el ultimo sorbo a mi café expreso, me despido de Carmela y salgo por mi bebé. —Listo. — Brat me entrega las llaves. Conduzco por la avenida principal hasta llegar a la ciudad, me toma unos 25 minutos más llegar hasta mi oficina. El reloj en mi muñeca marca las 9:32 a.m. —Primer día que llego tarde, como es eso posible. —murmuro en voz baja mientras estaciono mi auto. Pido el ascensor y llego hasta el quinto piso donde está mi oficina. En este piso, tenemos a personal de marketing, personal de ventas, así como una parte de importación y a una persona de sistemas. —¡Buenos días! —viene a mi encuentro Susan, quien me ayuda a quitarme el saco y toma mi bolso. —¿Llego la chica nueva? —pregunto mientras la busco con la mirada. —Si desde las 8:35 está con nosotros. —Siento mucho mi tardanza —paro en seco volteando hacia ella —sabes algo, me duele la cabeza. —susurro. —Tengo unas pastillas en mi escritorio. Ella me entiende. —Eres un sol. Antes de entrar a mi oficina busco con la mirada a Helena una vez más. —La mande por unos papeles con West. —Claro. Me siento y toco mi cien con la yema de mis dedos dándome un ligero masaje, en eso entra Susan con unas pastillas y una botella de agua. —Gracias, me puedes repasar la agenda. —pido mientras abro la botella y me tomo la pastilla. —A las 10:15 tendrá una conferencia con Shaw sobre la implantación de nuevos protocolos de importación, a las 11:10 en la sala de juntas los de ventas se reunirán para presentar el pronóstico final del mes pasado y a la 1 tiene una comida con los señores Bornigi. —¿Cuándo quedo esa cita? —pregunto tratando de olvidar mi incomodo momento con Harry. —La semana pasada, la señora Bornigi la contacto y usted acepto. —Claro, lo había olvidado. —Y lo último es a las 5 pm el señor Frank Person viene de inspección. —Gracias, tendré que alistar todo para las 10:15, muchas gracias. Ella sale mientras prendo mi computadora. Levanto mi mirada y veo pasar a Helena, está hablando con Susan, por unos segundos verla de perfil me hace volar la cabeza, pero no entiendo por qué, es más ni siquiera sé por qué me estoy mordiendo los labios mientras pierdo mi mirada en su trasero. En un segundo ella voltea hacia mí y con una sonrisa nerviosa quito mi mirada de su cuerpo. ¿Qué estás haciendo?  Pienso mientras simulo estar trabajando en la computadora que aún no prende. Ya tardo demasiado. —Susan —llamo, pero no aparece, así que salgo a su escritorio. —¿Susan? —Fue a la bodega por una caja. —escucho a Helena detrás de mí —¿la puedo ayudar en algo? —Mi computadora no prende, sabes si Erick este por aquí. —¿Erick? —Lo siento, es tu primer día. —sobo mi frente ante el dolor de cabeza que aún no se va —en la oficina de ventas al fondo está la oficina del chico de sistemas, puedes pedirle que venga. —Claro —se levanta y aprecio de cerca su hermosa piel bronceada, pero por una morbosa razón veo sus pechos y un botón esta desabrochado justo en el hueco de sus pechos. —Eh —no sé cómo decirle no quiero que piense que soy una fijada. —Si. —voltea con una sonrisa perfecta. —Tienes un botón desabrochado. —indico con mi dedo. —¡Oh! Lo siento, esta blusa no es mía así que. —No te preocupes, solo acomódalo, no querrás que todos por acá te estén mirando como pervertidos. Presente. Pienso. —Gracias, ya regreso. Aguantándome las ganas de mirar como camina entro hecha un flash a mi oficina. Me siento recargando mis brazos en el escritorio mientras veo como una llamada entrante se presencia en mi celular, la verdad no quiero contestar, hace mucho que ignoro a esta persona. Cuando al fin deja de sonar, se presenta Helena con una cara de espanto en sus ojos. —¿Qué pasa? —me levanto de inmediato. —Susan acaba de tener un accidente en la bodega. De inmediato camino por los pasillos hasta llegar con el señor de seguridad que tomara nota de accidente de trabajo, lo que me faltaba. Llegamos al fondo del piso donde están auxiliando a Susan, tal parece unas cajas mal acomodadas se vinieron abajo cayendo en el pecho de ella haciéndola caer de espalda y otra caja más cayo en su pierna. —No puedo sostenerme bien, me duele mucho. — escucho sus quejidos. —Por favor llévenla al LifeGuard los gastos corren por mi cuenta. Entre dos personas de ventas cargan a Susan y la sacan de la bodega. —Susan no te preocupes por nada, entre Helena y yo estaremos pendientes de aquí, tú por favor has caso a las indicaciones, estamos en contacto. Me retiro porque ya se aproxima la hora de mi conferencia, ellos se la llevan y regreso a mi escritorio. —Helena. —ella entra con una libreta en mano. —Anota, en el escritorio de Susan esta mi agenda laboral y personal, por favor, tienes que estar al pendiente de mis horarios, y si alguien hace cita para situaciones de trabajo las anotas y me las haces saber. —Claro, ¿la contraseña de la computadora? —Erick te puede apoyar, igual dile que te de una Tablet para que anotes y agendas todo vía electrónica. —Entendido, su computadora ya quedo lista. —Gracias. Se retira y puntualmente Shaw hace videollamada por Skype. —Buenos días, señorita Newman. Hablamos sobre la implantación de nuevos protocolos de importación, que ha decir verdad, son muy interesantes, mi padre solo era avaricioso cuando le convenía así que este tema siempre era económico para llenar sus bolsillos, pero yo, a pesar de que cueste un poco más, prefiero gastar lo necesario y tener calidad a gastar poco e invertir más. La conferencia termina en punto de las 11 am, justo a tiempo para ir a la sala de juntas. —Helena. —llamo desde mi escritorio. —Dígame. —tiene una mirada tan delicada, sus ojos azabaches parecen juguetones. —Mmm. —trato de recordar que quería decir —Olvide lo que tenía que decir, me retiro a la sala de juntas. —Claro. Camino por el pasillo hasta llegar a la sala de juntas donde ya están unas cuantas personas. Tomo mi celular y lo pongo en silencio, ya que esa llamada que no quiero contestar ha sido un poco más insistente en este día. —Buenos días. —saluda Kendall la jefa del área de ventas. Todos atentos a su presentación nos quedamos sorprendidos por los resultados que esta mencionando. —Entonces la ganancia final del mes de junio fue de un 86%, por lo que incrementó un 12% las ganancias del mes pasado. —finaliza la presentación. Todos aplaudimos felices de estos resultados, la verdad me sorprende tener un equipo bien preparado. —Gracias Kendall, debo admitir que admiro a cada uno de ustedes por el esfuerzo y entrega a esta compañía, sin ustedes y sin los que trabajamos aquí, nada de esto sería posible, así que —trato de pensar en una compensación para ellos —el próximo fin de semana todos celebraremos este logro, les hago llegar las invitaciones por correo. —Gracias Courtney, hablo en nombre de todos, gracias por confiar en nosotros. Cuando camino de regreso a mi oficina me encuentro con Helena quien me hace señas para que me acerque a ella. —Disculpe, pero la señorita Dalia Points dejo un recado para usted —me entrega un papel. —Gracias, puedes pasar a mi oficina. —pido con amabilidad. Ella entra detrás de mi cerrando la puerta. —Helena, sé que eres nueva y será todo un reto para las dos empezar a trabajar —empiezo a hablar serenamente —te comento que en el correo de Susan esta una lista de números que no se deben de contestar y el de esta persona se encuentra en esa lista, te pido de favor que la tengas presente. —veo como sus orejas se empiezan a poner rojas. —Lo siento mucho yo. —No te preocupes. —la interrumpo —es todo lo que te quería decir. Sale de la oficina cerrando la puerta una vez más. ¿Porque no solo me dejas vivir mi vida? Aprieto el papel en mi mano. Desenvuelto el papel y con mucho arrepentimiento lo abro. Te espero es el Grand Suflé de California a las 9 de la noche, atte. tu conejita. Maldita sea la hora en la que me interese en ti Dalia Points.
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